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Rayi Sourani, del Centro de Derechos Humanos de Gaza, en Sevilla

Artículo de Eduardo del Campo, de Diario de Sevilla con motivo de la visita a Sevilla de Rayi Sourani en Octubre de 2003

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Rayi Sourani, del Centro de Derechos Humanos de Gaza, en Sevilla

Eduardo del Campo, Diario de Sevilla 24/10/99

Extraido del boletín de Derechos Humanos de Noviembre de 1999

El grupo de Internacional de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía se ha marcado como trabajo prioritario en este nuevo curso (se refiere a 1999/2000) dar a conocer las persecuciones que sufren los defensores de los Derechos Humanos en aquellos países donde éstos se violan sistemáticamente.

Rayi Sourani ha sufrido en carne propia esta experiencia. Director del Centro Palestino de Derechos Humanos, don Rayi Sourani, estuvo en Sevilla invitado por Jueces por la Democracia y la oficina del Defensor del Pueblo Andaluz. El pasado 22 de Octubre pronunció una conferencia en el Colegio de Abogados de la calle Chicarreros, donde habló de las innumerables violaciones de Israel contra los palestinos.

Publicamos la entrevista que con motivo de dicha visita a Sevilla publicó el periodista Eduardo del Campo en el Diario de Sevilla el pasado domingo 24 de Octubre.

"Somos la víctima y sin embargo esperan que nos disculpemos".

Ha pasado cinco años en las cárceles israelíes y sufrido interminables sesiones de tortura en las que deseó cien veces la muerte.

Pero este abogado de Gaza sigue bien vivo para condenar las violaciones sin cuento de la represión militar en los territorios ocupados y recordarle al mundo que el proceso de paz abierto en la región no ha acabado con los abusos, tanto de Israel como de la Autoridad Palestina.

"Somos la víctima y sin embargo esperan que nos disculpemos".

Es el campeón de los derechos humanos en un rincón del mundo donde los humanos no tienen derechos.

El abogado Rayi Sourani sabe de qué habla cuando repasa la "innumerable" lista de violaciones de Israel contra la población palestina de los territorios ocupados, y no sólo porque sea el director del Centro Palestino de Derechos Humanos y lleve más de veinte años defendiendo a las víctimas de la ocupación militar, sino porque él también ha pasado por una sesión de tortura y dormido entre rejas.

Entre 1979 y 1988 consumió cinco años en la cárcel tras otras tantas detenciones: la primera vez por sus actividades políticas en el seno de la OLP. Las otras cuatro sin que pesara ninguna acusación contra él, a no ser la culpabilidad inherente al hecho de ser uno de los abogados más prominentes de la Intifada en unos tiempos en que el proceso de paz hoy en marcha era todavía una quimera.

Vino a Sevilla, invitado por Jueces por la Democracia y la oficina del Defensor del Pueblo Andaluz, a hablar de los presos palestinos y la tortura que Israel ha practicado durante décadas sistemáticamente bajo la definición legal de "presión física y psíquica moderada". Que el Tribunal Supremo israelí haya declarado "no legal" recientemente esa práctica no ha cambiado para nada la realidad de la calle, y el avance que sobre el papel significa esa sentencia se desmorona, explica Sourani, cuando se tiene en cuenta "que los jueces no han invalidado el artículo por cuestiones morales y éticas, en cuanto que Israel es firmante de la Convención Internacional contra la Tortura, sino por una simple cuestión de forma. No se pronuncian sobre la tortura en sí, sino sobre el decreto que lo legalizaba, que procedía de un decreto del poder ejecutivo cuando en realidad, dicen, debería emanar del parlamento".

"Los interrogatorios duraron 23 días sin interrupción, deseé morir cien veces"

Tortura. Sourani la ha sufrido todas las veces en que fue encarcelado. Y describe con detenimiento una de sus experiencias como paradigma de lo que es sólo un caso suave: "Una vez iba a encontrarme con un grupo de personas a las que yo defendía. Vinieron los servicios secretos israelíes y me detuvieron. Eran las tres y media de la tarde. Me desnudaron, me esposaron, me vistieron de preso y me llevaron a la comisaría. Me pusieron de pie en un pasillo con una bolsa de plástico en la cabeza y me prohibieron apoyarme en la pared o sentarme. Al principio, en los interrogatorios, sólo me escupían e insultaban. Así estuve, sin ir al servicio, hasta la mañana siguiente. Sentía un dolor insoportable en la cabeza y empecé a gritar. Cuando me senté al fin, me golpearon y me llevaron a un despacho. Allí había un hombre con los pies sobre una mesa. Le dije que no podía más y me dijo que si confesaba podría descansar. Yo estaba trastornado y le grité que era un nazi, un fascista. El hombre se quitó el zapato y empezó a golpearme en la cara. Subidle arriba y crucificadlo, ordenó a los otros. Yo no sabía la que era eso. Me ataron los brazos en diagonal a una puerta de hierro, siempre con la cabeza tapada por la bolsa de plástico. Estaba destrozado.

Al día siguiente me dieron comida y me dejaron ir al baño. Entonces empezó el proceso judicial. Los interrogatorios duraron 23 días sin interrupción. Sólo paraban cuando perdía el conocimiento.

Recuerdo que deseé morir cien veces. Pues bien, ésta es la forma de tratar a gente respetable, porque yo soy abogado y como decía la ley israelí y soy conocido.

Sourani dice irónico que él sólo sufrió, como decía la ley israelí "una presión moderada". La tortura cuando el preso no tiene el escudo de un nombre es "infinitamente peor" y no respeta "ni a los niños de doce años". El sistema es siempre el mismo: "Primero dan palizas, palizas técnicas, no al tuntún. Luego viene la bolsa, que atan con mallas al rostro y mojan por dentro con agua para provocar la asfixia. Cuentan hasta 35 segundos y sueltan. Más de eso y moriría. Se produce mucha excitación. Otras veces meten gas dentro de la bolsa y la cierran. A veces practican los tres métodos a la vez: paliza, bolsa y gas. La sesión de tortura se practica con la complicidad, consejo y vigilancia de los médicos.

La población palestina, asfixiada económica, política y socialmente, está entrando en un camino de frustración que puede estallar de un momento a otro.

Sourani, premiado dos veces conjuntamente con activistas israelíes de derechos humanos, no guarda rencor a sus torturadores, pero se niega a que la paz nazca a costa de consagrar la impunidad de los verdugos y sepultar los horrores del pasado. "Sólo puede perdonar la víctima. Así se hizo en la Comisión de la Verdad de Sudáfrica. Como mínimo, Israel debe reconocer que lo ha hecho".

Sourani pone en entredicho el optimismo con que Europa contempla en la distancia el proceso de paz entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina de Yaser Arafat.

Ve que los progresos son mínimos y la población palestina, asfixiada económica, política y socialmente, está entrando en un camino de frustración que puede estallar de un momento a otro. Su misión "es comunicar el peligro del desastre antes de que ocurra".

El defensor que hay en él se conviene en acusador implacable a la hora de señalar a la ocupación militar israelí como origen del conflicto. "Nosotros somos las víctimas y sin embargo se espera que nos disculpemos continuamente por nuestra historia", dice revolviéndose en el asiento cuando se le recuerdan los atentados antijudíos que han servido de excusa a Israel año tras año para mantener el sometimiento. "Por supuesto que estoy en contra de la muerte de ningún civil, por principio. Pero en esencia el problema es que al pueblo palestino se le ve como terrorista mientras que al israelí se le considera víctima. En el sur del Líbano aviones israelíes matan a civiles y nadie lo recuerda. Todas las sangres valen lo mismo".

Sourani se encuentra entre dos fuegos. Uno, el del "régimen de apartheid" de Israel, que le prohibió durante diecisiete años salir de su "guetto" natal de Gaza. Otro, el de la Autoridad Nacional Palestina, cuyos ramalazos autoritarios (detenciones extrajudiciales, torturas, represión de la oposición a Arafat) no se cansa de combatir desde la independencia del Centro de Derechos Humanos, a sabiendas de que las altas cotas de democracia que los palestinos han conseguido gracias a años de cultura de resistencia contra la ocupación y que harán del futuro Estado independiente el más abierto del mundo árabe no pueden ser echados al traste repitiendo los abusos del represor contra el que han dejado la vida. "Si no es bajo el respeto a los Derechos Humanos y la Ley, ¿para qué queremos un estado independiente?, se pregunta. "Es una cuestión de credibilidad".


sevillapalestina2000@yahoo.com