Andalucía con Palestina.

  1. Actividades 2017

      UN AUTOBÚS CONTRA LOS MUROS. CRÓNICAS PALESTINAS

    1. 02.11.17 Visita a territorios bajo ocupación israelí. Crónicas Palestinas
    2. 02.11.17 Crónica 1. La APDHA participa en la campaña “Un autobús contra los muros” visitando territorios bajo la ocupación israelí
    3. 03.11.17 Crónica 2. El “Autobús contra los muros” ha echado a andar y su primera parada es Hebrón
    4. 06.11.17 Crónica 3. Construir para derribar muros que excluyen a las personas del reconocimiento de sus Derechos Humanos
    5. 07.11.17 Crónica 4. Nablus, personas refugiadas y el derecho irrenunciable al retorno
    6. 08.11.17 Crónica 5. Nablus, personas refugiadas y el derecho irrenunciable al retorno
    7. 09.11.17 Crónica 6. Ramallah, el peso de las instituciones y las luchas de las personas acusadas de “faltas administrativas
    8. 10.11.17 Crónica 7. Conocer Jerusalén bajo la mirada sionista es una trampa.

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“Un autobús contra los muros”
Visita a territorios bajo ocupación israelí. Crónicas Palestinas.

fuente: https://www.apdha.org/autobus-contra-muros-territorios-ocupacion-israeli/

El propósito de esta acción es conocer de primera mano la realidad de las personas que viven bajo la ocupación israelí, la situación y las necesidades que se afrontan en los campamentos de personas refugiadas, las estructuras que gestionan su vida cotidiana, las organizaciones sociales que trabajan a través de distintas líneas y proyectos para mejorar las condiciones de la población palestina, "además de cualquier elemento que nos haya resultado difícil imaginar desde la distancia y que tendremos la oportunidad de conocer de primera mano y de forma objetiva", explican los activistas que en estos días irán reportando su experiencia tanto a este periódico como a través de las redes sociales habilitadas para la campaña, tanto en facebook como en twitter.
"Vamos a tratar de relatar nuestro viaje no sólo a través del territorio, también queremos trasladar las vivencias, sentimientos y dificultades con las que las personas palestinas se enfrentan en su día a día. Nos parece importante hacer visible el muro como elemento físico, pero también subjetivo. Los muros que no se ven, son también muy importantes, porque nos separan como seres humanos y estamos decididas a visibilizarlos para poderlos derribar", explican en el primer comunicado los activistas que llegaron ayer a territorio palestino en una fecha, ciertamente, especial, ya que el 2 de noviembre se conmemora el centenario de la declaración Balfour, realizada por el gobierno Británico durante la Primera Guerra Mundial con la que proclamaba su apoyo al establecimiento de un "hogar nacional" para el pueblo judío en la región de Palestina. "Un siglo ha transcurrido desde aquel momento y no podemos más que lamentar sus terribles consecuencias hasta el día de hoy", relatan.

Hoy 2 de noviembre se conmemora el 100 aniversario de la proclamación de la declaración Balfour, esta declaración realizada por el gobierno Británico durante la primera guerra mundial, proclamaba su apoyo al establecimiento de un «hogar nacional» para el pueblo judío en la región de Palestina. Un siglo ha transcurrido desde aquel momento y no podemos más que lamentar sus terribles consecuencias hasta el día de hoy.

A estas alturas, las personas defensoras de los Derechos Humanos no renunciamos a que éstos se cumplan de manera efectiva en Palestina. Y es por eso que un grupo de personas del territorio español hemos decidido participar en la campaña “Un autobús contra los muros”, que recorrerá distintas localizaciones de Cisjordania durante el mes de noviembre para comprender el efecto que la ocupación israelí y la constante vulneración de los derechos más básicos, está teniendo sobre la población palestina.
Esta iniciativa, conformada principalmente por activistas andaluces, pero también de otros lugares del territorio español, aglutina a individuales y miembros de organizaciones diversas que durante este viaje trataran de hacer trasladar la realidad a la que accedan de primera mano y de forma objetiva.
A través de las publicaciones en Facebook, Instagram y Twitter vamos a tratar de relatar nuestro viaje no solo a través del territorio, también queremos trasladar las vivencias, sentimientos y dificultades con las que las personas palestinas se enfrentan en su día a día.
Nos parece importante hacer visible el muro como elemento físico, pero también subjetivo. Los muros que no se ven, son también muy importantes, porque nos separan como seres humanos y estamos decididas a visibilizarlos para poderlos derribar.
Y un autobús nos parece además un elemento de alta carga simbólica, ya que nos hace conscientes de que estamos todas unidas en nuestro camino. El poder de lo colectivo y la conciencia de que solo juntas podemos transformar los muros en puentes, las barreras en redes y la injusticia en derechos para todos y todas.

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02.11.17. Crónicas palestinas 1:
La APDHA participa en la campaña “Un autobús contra los muros” visitando territorios bajo la ocupación israelí.

fuente: https://www.apdha.org/autobus-contra-muros-territorios-ocupacion-israeli/

La situación de vulneración de Derechos Humanos del Pueblo Palestino, es un tema central en la labor de la APDHA. Esta tarea se desarrolla fundamentalmente a través de las acciones que se realizan desde el área de Solidaridad Internacional de nuestra asociación.


Grupo saliendo de Jerusalén
Construir para derribar muros que excluyen a las personas del reconocimiento de sus Derechos Humanos

La persistencia de la situación de ocupación ilícita de territorios, bloqueo prolongado y asfixiante para la población gazatí, construcción de muros que imposibilitan el acceso normalizado dentro de los territorios palestinos, la gestión humillante y despótica de los pasos de control, encarcelamiento arbitrario de personas por motivos políticos, violencia sistemática contra la población palestina de forma cotidiana y aplicación de un apartheid de facto, ejercido por el Estado de Israel, requieren una continua visibilización y denuncia por nuestra parte. Nuestro compromiso es el resultado lógico de nuestra perspectiva de la defensa de los DDHH; nos colocamos junto a quienes se encuentran en una situación de grave vulnerabilización, nos basamos en la objetividad de los hechos y reclamamos el cumplimiento de las obligaciones internacionales establecidas.


Muro en Hebrón

Innumerables son las campañas que hemos realizado para tal fin, siempre basadas en la necesidad de alertar sobre los graves incumplimientos de las resoluciones de la ONU, éstas han condenado reiteradamente múltiples aspectos de la actuación de Israel como fuerza ocupante del territorio palestino. Sin embargo, es importante señalar que la prolongada duración de la situación, unida a la ineficacia de los instrumentos diplomáticos de Naciones Unidas, no ayudan a resolver y detener vulneraciones existentes también en otros territorios, como por ejemplo la llamada “crisis de las personas refugiadas”, el negocio de la securitización y militarización de fronteras, aplicación de leyes discriminatorias y xenófobas, conflictos bélicos promovidos por intereses de terceros que provocan beneficios económicos para determinados países, etcétera.


Muro y alambrada en Hebrón

El papel que nos corresponde asumir como colectivo de defensa de los DDHH es relevante, ya que sin la presión ciudadana a los gobiernos y las estrategias de visibilización, la impunidad con la que se vulneran los DDHH de las personas palestinas, sería si cabe, aún mayor. De hecho, tenemos la conciencia de que tal impunidad no solo repercute en los derechos de la población palestina, cualquier persona en cualquier lugar del mundo, ve debilitados sus derechos cuando deja de movilizarse por las injusticias ajenas.
Pero nuestra labor más importante reside en la colaboración directa con las organizaciones Palestinas que trabajan en la construcción de su propio futuro, desarrollando estrategias de resistencia no violenta, acciones globales de presión contra las vulneraciones de DDHH y vínculos internacionales que refuercen su seguridad sobre el terreno.
¿Por qué acercarnos a la realidad de las personas palestinas? En este sentido, un grupo de personas miembros de la APDHA, estamos participando junto con activistas procedentes de distintas organizaciones sociales del territorio estatal, aunque fundamentalmente impulsado desde Andalucía, en lo que hemos venido a llamar “Un autobús contra los muros” durante el mes de noviembre. Nuestro propósito consiste en conocer de primera mano la realidad de las personas que viven bajo la ocupación israelí, la situación y las necesidades que se afrontan en los campamentos de personas refugiadas, las estructuras que gestionan su vida cotidiana, las organizaciones sociales que trabajan a través de distintas líneas y proyectos para mejorar las condiciones de la población palestina… y cualquier elemento que nos puede haya resultado difícil imaginar desde la distancia y que tendremos la oportunidad de conocer de primera mano.
Nos proponemos fundamentalmente saber cómo podemos ser útiles para la defensa de los DDHH de las personas palestinas, desde nuestras organizaciones y actividades. Aprender de las estrategias de trabajo y resistencia que se desarrollan en el terreno y que de alguna manera también son necesarias en otros contextos, y van fortalecer sin lugar a dudas nuestras otras luchas.

Autobús contra los muros, Palestina.

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03.11.17. Crónicas palestinas 2:
El “Autobús contra los muros” ha echado a andar y su primera parada es Hebrón

fuente: https://www.apdha.org/cronicas-palestinas-2-primera-parada-hebron/

Pasar el día 2 de noviembre visitando Hebrón es colocarse en uno de los epicentros de la desigualdad de derechos; el día en que se cumple un siglo de la Declaración Balfour, nada que celebrar y mucho que lamentar.


Hebrón es una de las ciudades más antiguas de Oriente Medio, siendo además la más grande de Cisjordania. En ella residen algo más de 215.000 personas palestinas, alrededor de 600 colonos israelíes y 200 soldados que controlan el territorio. Tras la guerra de los seis días en 1967, Israel ocupó Hebrón junto al resto de Cisjordania, permaneciendo aún a día de hoy bajo el régimen de ocupación militar israelí. El establecimiento de asentamientos de colonos en el territorio palestino es una de las principales estrategias desarrolladas por Israel, vulnerando el derecho internacional y numerosas resoluciones de la ONU, provocando además un intenso impacto en las condiciones de vida de las personas palestinas que viven bajo el régimen de la ocupación.

Esta ciudad es una de las que más presión soporta en la relación con los colonos israelíes, dado que existen 5 asentamientos ilegales que rompen la ciudad en su zona central. Para entender el efecto de la ocupación, hay que destacar vulneraciones específicas como las restricciones a la libre circulación de las personas palestinas, cierre de comercios, prohibición de construir o toque de queda. Pero también está el acoso que ejercen los propios colonos israelíes para tratar que las personas palestinas dejen sus casas y abandonen la ciudad. Organizaciones de defensa de DDHH han alertado de graves violaciones de derechos ejercidas a través de agresiones físicas y daños a la propiedad de las personas palestinas, por parte de los colonos con total impunidad.


Nos preguntamos cómo se sostiene una actuación tan cruel y degradante, ejercida por los colonos israelíes hacia la población palestina. El discurso del odio parece ser el dominante, aceptado y legitimado por el ejército israelí que protege a los colonos en sus actuaciones. Y no podemos evitar un pensamiento inquietante que nos lleva también a nuestro contexto de origen, el europeo. En Hebrón se produce la máxima expresión del rechazo, en la vieja Europa se refuerza también la discriminación hacia personas migrantes, refugiadas o de otra raza, si no logramos detener esta situación parece que estamos abocadas a ver como se extiende y nos tragará a todas.

En palabras de Ahmed del AIC (Alternative Information Center), la separación existente en la ciudad de Hebrón genera dos tipos de vidas: dos tipos de personas. Relata cómo se ejerce la deportación silenciosa, ésta se materializa a través de la prohibición de reparar o rehabilitar viviendas, dificultar el acceso a la asistencia médica, el acceso a los recursos básicos la escolarización y la violencia directa. EL desarrollo de la vida cotidiana se hace imposible para las personas palestinas.


La cuestión religiosa aparece en su valoración, clarificando que es la última de las motivaciones de la violencia de la colonización, para explicarlo nos habla de la relación con los judíos palestinos. Una comunidad judía se estableció en Palestina hace 400 años y desarrollaron una convivencia natural y pacífica. Durante la guerra civil en los años veinte – treinta, esta comunidad abandonó Hebrón hacia otras zonas. En 1967, una vez establecido el control integral por parte de Israel en el territorio, se les instó a regresar a sus casas en Hebrón, a lo que rehusaron hasta que las personas palestinas pudieran retornar también a sus territorios legítimos.

La comunidad cristiana es reducida, pero no es una cuestión de fricción con las personas musulmanas, la ocupación también les afecta y eso promueve que la mayoría decida abandonar el territorio.

Pero con los colonos es otra cosa, no son palestinos judíos, y sus motivaciones para establecerse en el territorio son dos claramente diferenciadas; ventajas económicas que ofrece Israel (lo hacen por dinero), les sale muy barato vivir aquí, y por motivos ideológicos; consideran que esta es la tierra prometida y de ahí sus derechos para reclamarla.

La mentalidad de la colonización desarrolla estrategias dirigidas a promover un estatus subdesarrollado en la comunidad palestina, es por ello que ejercen un férreo acoso a las escuelas y universidades, dificultando su asistencia, intimidando a escolares y estudiantes con el objetivo de mermar su desarrollo educativo y mantener estancada a la comunidad palestina como hace 40 años. O incluso peor, ya que Ahmed nos cuenta que en los años 70 – 80 existía mayor modernidad que en la actualidad.


Nisreem, una historia de superación y dignidad en primera persona:

Nisreem nos cuenta su historia en primera persona. Su marido, Hashem Azzeh murió asesinado durante la tercera intifada por el ejército israelí y toda su vida fue un activista muy relevante en la ciudad. En su casa siempre se han recibido a colectivos y activistas de Derechos Humanos que han mostrado a través de las imágenes, la vida en las personas palestinas en contacto con los asentamientos ilegales de los colonos.

La importancia de mostrar estas imágenes reside en aportar una respuesta a la pregunta de por qué las reacciones violentas de las personas palestinas durante la entifada. En la razón está la agresividad de la ocupación. En las puertas de las casas de las personas que viven junto a las zonas ocupadas se puede leer mensajes de colonos como “Matadlos, tienen que alejarse de aquí”. Los check points son pasos obligados para acceder a la escuela o al hospital. En su caso particular, le negaron el paso estando a punto de dar a luz y le dijeron que se fuera a su casa y se muriese. Ella aprovechó un cambio de guardia para “colarse” y pasar al otro lado. Los niños y niñas también sufren un acoso de alta intensidad en su camino a la escuela, son parados por seis o siete militares armados hasta los dientes que los intimidan con el objetivo de que teman por su vida y dejen de estudiar. Su propia hija, al morir el padre lloraba agarrada a su falda diciendo que no que quería ir al colegio, que no quería morir.

Sin embargo, Nisreem, poderosa a pesar de dolor, dice que ha salido adelante. Los colonos le decían que al morir su marido se quedaría sola y abandonada, pero ha continuado recibiendo a los activistas, enseñando como es vivir en su casa, rodeada de colonos. Dice con satisfacción, que incluso mantiene contacto con organizaciones que nunca llegaron a conocer a su marido. La vida y la resistencia continúan.

«Hoy he estado en el Muro de los lamentos, y tengo que reconocer que pese a mi ateísmo recalcitrante me emocionó estar allí. Y me lamenté por ese pueblo que sufrió uno de los mayores genocidios de la historia, que fue perseguido, torturado, deshumanizado y que hoy hace sufrir a otro pueblo lo que ellos sufrieron. Me lamenté por un pueblo que dió a la humanidad grandes científicos, cineastas, filósofos, músicos, escritores, gente que nos hizo mejores a todos, que nos dio conocimiento, belleza, placer, amor y que hoy solo nos averguenza. Pueblo de Israel, os habéis convertido de víctimas en verdugos. Eso es lo que lamento.»
Giuseppe Lagomarsino

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06.11.17. Crónicas palestinas 3:
Construir para derribar muros que excluyen a las personas del reconocimiento de sus Derechos Humanos

fuente: https://www.apdha.org/cronicas-palestinas-3-construir-para-derribar-muros/

El Valle del Jordán es el valle por el que discurre el río Jordán, en Oriente Medio, frontera natural entre Jordania y Palestina. En esta zona que abarca un 20% del territorio de Cisjordania, viven alrededor de 55.000 personas palestinas y unos 18.500 colonos israelíes en asentamientos ilegales, promovidos desde la década de los 70. Desde el comienzo de la colonización en la zona, la población palestina se ha visto disminuida intensamente, pasando a ser en la actualidad apenas un 40% de la inicial, previamente a la Guerra de los 6 días.

La presencia militar en la zona y la calificación por parte del gobierno israelí a esta región de “zona sensible” (según los Acuerdos de Oslo el 95% del territorio es zona C, lo cual significa que es la administración militar israelí quien controla la mayor parte del territorio), reservando más de la mitad del espacio para entrenamiento del ejército, y a su vez, vaciando la población palestina de la zona. El Gobierno israelí tiene la potestad de autorizar o no los permisos para edificar a las personas palestinas, entre otras limitaciones en el uso del espacio.

Según los informes de B´tselem, en los últimos años existe una política sostenida de denegación de dichos permisos de construcción y reparación de infraestructuras, ya que sólo se han aprobado el 5% de los permisos solicitados. La administración de los permisos para reparaciones de las infraestructuras es un tema muy relevante por el efecto que provoca; por ejemplo, cuando las viviendas deben rehabilitarse por el paso de los años, no se otorga la autorización para repararlas, por lo que la población se ve obligada a desplazarse a otro lugar para vivir.


Unida a la prohibición de construir y rehabilitar, se encuentra la estrategia de desalojo y demolición de casas y propiedades palestinas, muchas de ellas realizadas por cooperantes para dar cobijo a las personas desalojadas, o bien infraestructuras para garantizar el acceso a espacios escolares o culturales, siendo ésta una práctica habitual del ejército israelí.

Además, se producen demoliciones de edificaciones palestinas debido a la construcción de viviendas e infraestructuras sin permiso, dada la sistemática denegación de los mismos, lo que según la legislación israelí las convierte en construcciones ilegales y por tanto susceptibles de ser derribadas. Esto no parece afectar a la construcción de asentamientos para colonos israelíes que florecen de manera incesante, apropiándose de un territorio valioso por su fertilidad y productividad agrícola. Circulando por el territorio, el impacto visual no deja lugar a dudas, ya que los terrenos ocupados por los colonos destacan por su verde frondosidad delimitando las zonas áridas y secas de las personas palestinas que resisten a pesar de la escasez de recursos. El abastecimiento de agua se convierte así en la gran deficiencia de la población palestina de la zona, ya que, aun pasando por debajo de sus pies, no pueden acceder a ella por la imposibilidad de instalar pozos de extracción porque el Gobierno israelí no autoriza su construcción, por lo que deben comprarla a un camión cisterna que la comercia. Sin embargo, las colonias israelíes obtienen de las tierras ocupadas toda el agua que deseen. En esta región, la mayor parte de la población se dedica a la agricultura y pastoreo, siendo el principal recurso para garantizar la viabilidad económica del futuro del Valle del Jordán. Estas circunstancias y el potencial de explotación empresarial y económico de la zona, parece situar en el interés del gobierno israelí el control de la región, que a través de los asentamientos de colonos israelíes provoca una anexión de facto, que destina a la generación de beneficios económicos ilegítimos sustentados en la usurpación del territorio palestino.


Es sencillo reconocer aquí un patrón habitual en las vulneraciones de derechos humanos que abordamos con los colectivos en riesgo de exclusión, también en nuestro país de origen. La contundencia que observamos en la situación de las personas palestinas en el Valle del Jordán establece claramente como los intereses económicos están por encima de cualquier otra consideración. El derecho a una vivienda se suspende frente al interés por el terreno de quienes quieren explotarlo. El derecho al empleo digno se vulnera usurpando los recursos y ofreciendo a cambio explotación y condiciones de esclavitud. El acceso a recursos básicos como el agua y la electricidad se limita hasta niveles incompatibles con la supervivencia.

Nuestra parada se produce para colaborar en la construcción de un edificio para el desarrollo de actividades culturales en una escuela que trabaja con las comunidades beduinas de la zona. Los escolares se desplazan desde las dispersas zonas rurales en autobús cada día, acogiendo a 80 niños y niñas que a través de la educación resisten a la ocupación a través de la generación de conocimientos y habilidades necesarias para poder desarrollarse. La cultura e identidad beduina depende de las nuevas generaciones y en la escuela lo tienen claro.

Construir un edificio en estas condiciones es un desafío que no solo requiere rapidez para evitar que sea identificado por el control militar y por tanto requerido su derribo, también es necesaria destreza para resolver las carencias de útiles y materiales que en otros contextos con recursos, consideraríamos imprescindibles.

Nuestra labor ha sido dura, pero gratificante; difícil, pero tremendamente creativa; voluntariosa, pero frágil en sus posibilidades; pero por encima de todo, una demostración de los resultados del trabajo colectivo y solidario.

Apenas hemos llegado a alcanzar el tejado y la ausencia de luz nos obliga a terminar nuestra hazaña con la esperanza de que pueda ser terminado en pocos días por las personas voluntarias que apoyan la escuela. Al menos nos satisface pensar que hemos tratado de dejar algo físico después de la calidez y afecto que llevamos recibiendo desde el primer minuto de encuentro con las personas palestinas.


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07.11.17. Crónicas palestinas 4:
Nablus, personas refugiadas y el derecho irrenunciable al retorno

fuente: https://www.apdha.org/cronicas-palestinas-4-nablus/

El “Autobús contra los muros” hace parada en Nablus.

La vida en un campo de personas refugiadas, el limbo asfixiante de la injusticia.

Nablus con 135.000 habitantes, es una de las ciudades más pobladas de Cisjordania. La ciudad está rodeada de asentamientos israelíes, considerados ilegales por las Naciones Unidas y siendo además uno de los principales obstáculos para lograr la paz en la región. La ciudad tiene una larga tradición de activismo político y fue uno de los principales epicentros de la segunda intifada. Esta implicación se saldó con la tremenda cifra de 522 personas palestinas asesinadas y 3104 heridas, la mayoría de ellas civiles, desde el año 2000 al 2005.

Una de las características de Nablus es la convivencia existente entre distintas confesiones religiosas. La comunidad samaritana, musulmana y cristiana, llevan desarrollando desde hace siglos un sentido de comunidad y colectividad enriquecedor y solidario.

En Nablus además existen tres campos de personas refugiadas creados por la UNRWA; Askar, Balata y Beit Ilma: (o Campo Numero 1), el campo de Balata es el mayor de toda Cisjordania, albergando a más de 27.000 personas palestinas (según datos de la UNRWA, casi 30.000 teniendo en consideración las miles de personas que no están registradas).

Si vivir en un campo de personas refugiadas puede considerarse una solución temporal hasta el acceso al retorno, se puede comprobar como en la realidad ésta se hace indefinida y permanente. El campo de Balata se instauró en 1950 (para atender a alrededor de 5000 personas desplazadas después de la Nakba) y desde entonces su densidad no ha hecho más que aumentar, a la par que las condiciones de vida no dejan de empeorar.


Más de cinco millones de personas palestinas se encuentran desplazadas en calidad de refugiadas sin acceso al derecho al retorno, casi dos millones dentro el propio territorio palestino donde permanecen hacinadas, el resto, en otros países, la mayoría en la zona adyacente a Palestina, en un limbo legal que no parece tener solución. El estado israelí se niega a que puedan regresar a sus lugares de origen, en contraposición con las resoluciones de la ONU que prevén el regreso de las personas refugiadas a los territorios usurpados ilegalmente, con el derecho al retorno como un elemento inalienable. La UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para las personas refugiadas de Palestina en Oriente Medio) nace en 1949 para abordar la situación de las personas refugiadas palestinas y más de 65 años después, continúa atendiendo a lo que representa la tercera parte del total de las personas refugiadas que existen en el mundo, las personas palestinas.

Pero la vulneración de derechos humanos de las que se han venido a llamar “personas refugiadas” es una suerte de cinismo, ya que la norma es carecer de las condiciones necesarias para su protección y desarrollo vital. Ésta es la tónica general también lejos de Palestina. Con especial virulencia se está consolidando una aceptación generalizada en la sociedad europea y española de los incumplimientos de los acuerdos internacionales y compromisos de cuota, parecen ser una inspiración de la estrategia del estado israelí que hace oídos sordos a las reclamaciones de Naciones Unidas.

Lejos de encontrar la vía para restablecer los derechos de las personas refugiadas palestinas, se extienden el abandono y las dificultades para obtener el reconocimiento del derecho de asilo, condenándolas a vivir en el limbo de los campamentos indefinidamente, o buscar vías de acceso a lugares donde puedan vivir en condiciones de seguridad, aunque bien sabemos quienes dirigimos habitualmente la mirada a las fronteras, que esas vías demasiado a menudo acaban en muerte.


Sin embargo, en Nablus encontramos organizaciones que deciden reaccionar al abandono de las personas afectadas por la violencia ejercida por Israel y desarrollar estrategias que sirvan para reparar y construir en positivo. La influencia del espacio sostenido de convivencia entre religiones sirve de motor para el desarrollo de iniciativas pedagógicas, con las que trabajar el conflicto y el trauma que los niños y niñas de Nablus han sufrido y sufren debido a la ocupación israelí. Generar espacios seguros donde a través de la expresión artística y la atención psicológica los más pequeños puedan expresarse. Esta es la clave para organizaciones que trabajan específicamente en las estrategias imprescindibles para abordar la vida, y lograr que la ocupación no bloquee además la oportunidad de supervivencia y desarrollo personal.


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08.11.17. Crónicas palestinas 5:
Ramallah, el peso de las instituciones y las luchas de las personas acusadas de “faltas administrativas

fuente: https://www.apdha.org/cronicas-palestinas-5-ramallah/

Parada del “Autobús contra los muros” en Ramallah.

Ramallah, de facto, el centro administrativo de un autogobierno capado.

Según datos del 2016 , la población de Ramallah se sitúa en torno a 35.000 personas. La ciudad ha sido descrita como el centro de poder de la Autoridad Palestina y sirve como sede de ONG´s internacionales y de las embajadas y representaciones diplomáticas en Palestina. Es uno de los lugares donde la intensidad de la ocupación es menor, sin embargo durante los últimos años han proliferado nuevos asentamientos ilegales que impiden el crecimiento de la ciudad. Tras los acuerdos de Oslo se le concedió la calificación de zona A (las competencias militares y legislativas corresponden a la autoridad palestina). Este carácter ha provocado un aumento de su población por el efecto llamada para las personas palestinas, que buscan residir en un lugar donde la intervención militar del estado israelí sea menor y puedan vivir en condiciones de mayor seguridad.


Sin embargo, también es necesario apuntar que bajo la autoridad de la institución palestina también se producen situaciones de vulneración de derechos que han sido denunciadas por organizaciones como Amnistía Internacional . Junto a la presión ejercida por el estado israelí como potencia ocupante, las personas palestinas también se ven sometidas a situaciones de vulneración cometidas por un gobierno que practica también duras restricciones del derecho a la libertad de expresión, asociación y reunión pacífica, hostigando y deteniendo a sus detractores y a seguidores de sus rivales políticos.

Pero uno de los elementos paradigmáticos de la acción israelí, es la represión y castigo vinculado al ejercicio de la participación política y ciudadana. La “detención administrativa” es la figura jurídica bajo la que el ejército de Israel puede arrestar a personas palestinas durante seis meses, prorrogables indefinidamente, sin imputación de un delito y sin presentar el caso a juicio. La detención administrativa es utilizada con frecuencia – en contravención directa del derecho internacional – como forma de castigo colectivo y criminal en lugar de como forma de prevención de una posible amenaza futura.

Según la organización ADDAMER, hay unos 6.300 presos y presas, 300 menores de edad, 61 mujeres y niñas, 13 parlamentarios y 28 periodistas. Al menos 1.000 tienen prohibido recibir visitas por “motivos de seguridad”.


Todas las cárceles donde se encuentran las personas presas palestinas están en territorio israelí, excepto una. Esto va en contra del Artículo 76 del IV Convenio de Ginebra en el que se declara que las personas presas de un territorio ocupado, deberán permanecer en las cárceles dentro de dicho territorio ocupado. Las condiciones en estas prisiones son inhumanas: Son cárceles superpobladas, sin condiciones higiénicas y con humedad. El espacio por persona presa se ha reducido de 3,4 a 2,9 metros cuadrados en los últimos años.

En cuestiones penitenciarias, encontramos que las sociedades tienen ciertas reservas a acercarse y conocer cómo se vulneran los Derechos Humanos de personas que habiendo cometido un delito (y no siempre bajo la comisión de un delito), parecen ser castigadas con la suspensión de todos sus derechos fundamentales. El drama al que se enfrentan las personas presas en Palestina alcanza cotas muy elevadas, ya que a través de la figura de la detención administrativa, no es simplemente cuestión de haber incumplido las leyes o no, no tienen por qué conocer el motivo de tu reclusión, ni siquiera el tiempo que estarán en esta situación.


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09.11.17. Crónicas palestinas 6:
Día Internacional contra los muros. El muro del apartheid.

fuente: https://www.apdha.org/cronicas-palestinas-6-dia-contra-los-muros/

El muro del apartheid.


Un muro es mucho más que un muro, las divisiones trascienden el plano físico y las acciones de denuncia deben trascender también las fronteras creadas.

El muro de Cisjordania comenzó a construirse en 2002 y a día de hoy, Israel no considera que su establecimiento esté finalizado, dado que continuamente sigue tratando de ampliarlo. El Estado israelí sostiene esta estrategia perversa, justificándose bajo una supuesta amenaza a su seguridad. La imposición de muros y vallas incumplen tanto el Derecho Internacional como las resoluciones de la ONU, que declaran que el muro es ilegal.


Este muro, que alcanza una extensión de 800 kilómetros, se despliega por toda Cisjordania y rodea Jerusalén. Y a pesar de utilizar una excusa de “seguridad” para su establecimiento, su trazado ha desvelado una función diferente, que es la expropiación de tierras palestinas, la separación de ciudades, pueblos y familias, alterando profundamente la existencia y acceso a recursos imprescindibles para el desarrollo natural de la vida cotidiana, que ha acabado convirtiendo la vida de las personas palestinas en una auténtica pesadilla.


Hoy, 9 de noviembre, es un día reivindicado para hablar de los muros, hacerlos presentes allí donde se olvida demasiado a menudo su existencia y expansión en distintos lugares alrededor del mundo. Actualmente existen más de 70 muros en distintas localizaciones de todos los continentes.

Es indiscutible que el efecto de los muros es, en valor absoluto, la generación de muerte, desigualdad y graves vulneraciones de Derechos Humanos. No existe excepción en ese sentido y reclamamos su eliminación total.

El muro israelí es tres veces más grande y dos veces más alto que el Muro de Berlín. Pero lamentablemente sus efectos en la población Palestina han recibido mucha menos atención.

Si bien en Europa la presencia del muro de Berlín simbolizó la lucha entre las potencias hegemónicas del poder político durante la Guerra Fría, y su derribo fue aplaudido desde todos los ángulos, parece que poco se llegó a aprender del inefable significado y atroz impacto de estas aberraciones.

El muro supone no solo una fragmentación del territorio, sino de las familias, comunidades y recursos básicos. Se destruyen lazos e impiden las relaciones interpersonales, sociales y políticas, presionando para conseguir un desplazamiento de las personas palestinas dirigido a zonas que poco a poco se van sobre poblando, facilitando el proceso de usurpación y colonización del proyecto sionista.

Estas condiciones provocan la explotación no solo de los territorios anexados, también de las personas palestinas que se ven abocadas al trabajo precario y explotación a manos de quienes a la misma vez les roban sus legítimos recursos para el desarrollo.

En este viaje estamos aprendiendo que la resistencia es una forma de vida para el pueblo palestino, y se desarrolla a través de la memoria y la esperanza que provoca ser capaces de implicarnos todas en alcanzar la justicia y la libertad como proyecto colectivo.


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10.11.17. Crónicas palestinas 7:
Conocer Jerusalén bajo la mirada sionista es una trampa.

fuente: https://www.apdha.org/cronicas-palestinas-7-jerusalen/

Detenemos el “Autobús contra los muros” en Jerusalén, una parada contundente por la negación de la historia y el acceso palestino. El reclamo turístico de la ciudad se convierte en propaganda sionista, excluye a las personas palestinas, les niega su realidad y oportunidades de desarrollo.

Solo un 6% de la población palestina tiene permiso para acceder a Jerusalén. La ciudad se divide entre la zona Este (que incluye la ciudad vieja y a la que fueron desplazados las personas palestinas) y la zona Oeste, resultado de la expansión de la ciudad por la presencia de internacionales desde la época del protectorado británico, siendo esta la parte que más inversiones económicas y de mantenimiento recibe, un 80% frente al 20% en la zona este.


La soberanía se propuso según la resolución 181 de la ONU, al ámbito internacional, pero finalmente se la anexó Israel a partir de 1967, generando un nuevo incumplimiento de los acuerdos asumidos. Observamos como el territorio está plagado de controles militares, policiales y civiles del estado israelí. La presencia armada hasta los dientes en la ciudad vieja se complementa con un dispositivo de cámaras, micrófonos y sensores destinados a establecer un control total sobre las personas que se mueven en el territorio. Son específicamente las personas palestinas las que además de ser controladas, se encuentran hostigadas. Sufren una violencia apabullante que contrasta con las grandes masas de turistas que acuden diariamente a la ciudad.


El reclamo turístico se utiliza groseramente para contar la historia desde una perspectiva manipulada y contraria a la realidad. Los tours que se desarrollan por la ciudad vieja excluyen deliberadamente las calles en las que se concentran los negocios y viviendas habitadas por personas palestinas. La línea oficial de la propuesta sionista conduce a los grupos a rutas que no paran en comercios palestinos y pensados para que el consumo se dé exclusivamente en la zona israelí. El resultado pretende el cierre de comercios palestinos y favorecerse de las expectativas de crecimiento del sector turístico previsto en los próximos 30 años. Se puede observar como fuerzas de seguridad impiden a los visitantes acceder a calles específicas con una falsa alerta de seguridad.

Además de la situación visible en las calles, el relato construido busca generar división entre las comunidades en la ciudad, de manera falsa e interesada, para justificar la propuesta política sionista. Esto es fruto del colonialismo occidental que se remonta a los tiempos del protectorado británico.


En la ciudad vieja se desarrollan expresiones exacerbadas del nacionalismo israelí como una estrategia para confundir a los visitantes y reclamar el espacio como propio, devaluando la diversidad simbólica y religiosa.

Las acciones de hostigamiento por parte de los colonos sionistas hacia las personas palestinas musulmanas en la ciudad vieja son una provocación cruel e interesada, que tienen como único objetivo ejercer la violencia con total impunidad. El ejercito protege a los colonos en estas acciones, no reacciona cuando estos agreden a las personas palestinas delante de sus narices, practicando detenciones y castigos exclusivamente a palestinos.

Es necesario rescatar la historia negada, poder acceder a los espacios donde los relatos palestinos se cargan de sentido, observando la degradación de sus barrios, la ocupación de casas para acosar a las familias que resisten a través de la permanencia en la ciudad. Sentir el control y el agobio opresivo de las armas, cámaras y violencia.

Conocer Jerusalén bajo la mirada sionista es una trampa de la que es necesario desprenderse. La memoria, la justicia y verdad son necesarias tanto para las personas palestinas como para quienes merecen no ser instrumentalizadas en favor del proyecto sionista.

Autobús contra los muros, Palestina.