Raji Sourani, Premio Derechos Humanos de Andalucía 2009

RAJI SOURANI Y ANDALUCÍA

Introducción

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El 20 de Diciembre de 2003, Raji Sourani, director del Centro Palestino de Derechos Humanos de Gaza estuvo en Sevilla.

Invitado por la Plataforma de Solidaridad con Palestina de Sevilla se reunió en el salón de actos de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía con periodistas y amigos del pueblo palestino, y concedió entrevistas a la prensa y la televisión, rodeado de defensores de su causa y de los derechos humanos.

Pese a estar agotado por días de frenética actividad en Londres, Málaga y Granada (estaba en Andalucía de paso antes de volver a los territorios ocupados palestinos tras recibir el Premio Internacional de Derechos Humanos 2003 en Inglaterra) prefería, antes de regresar a Gaza, dar conferencias y conceder entrevistas y saludar a las organizaciones andaluzas de solidaridad con Palestina. Tenía necesidad de sentir el "calor " de nuestra tierra, nos dijo. Era una metáfora. Hacía un frío que se las pelaba en Sevilla y a duras penas un calentador intentaba hacer acogedora la sala de conferencias de Pro Derechos Humanos.

Las periodistas Mari Carmen Rengel y David Estrada de El Correo de Andalucía, y Susana Tello y José Ángel García de Diario de Sevilla y Carmen Gálvez de la publicación digital Ciudadanas cubrieron la noticia. Luego llegarían los del programa Solidarios de Canal Sur y se lo llevarían a los estudios de televisión.

Era la segunda vez que visitaba Sevilla. En Octubre de 1999 invitado por Jueces para la Democracia y el Defensor del Pueblo Andaluz pronunció una conferencia en el Colegio de Abogados de la calle Chicarreros.

Publicamos los artículos que Diario de Sevilla y El Correo de Andalucía y la revista digital Ciudadanas, tanto en aquella ocasión como en esta, recogieron las palabras pronunciadas por este valiente abogado que no cesa de denunciar la que denomina, con expresión acertada, "conspiración del silencio" de Occidente.


Edición de Diario de Sevilla de 21 de Diciembre de 2003

Edición de El Correo de Andalucía de 21 de Diciembre de 2003


Extraido del boletín de Derechos Humanos de Noviembre de 1999

El grupo de Internacional de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía se ha marcado como trabajo prioritario en este nuevo curso (se refiere a 1999/2000) dar a conocer las persecuciones que sufren los defensores de los Derechos Humanos en aquellos países donde éstos se violan sistemáticamente.

Raji Sourani ha sufrido en carne propia esta experiencia. Director del Centro Palestino de Derechos Humanos, don Raji Sourani, estuvo en Sevilla invitado por Jueces por la Democracia y la oficina del Defensor del Pueblo Andaluz. El pasado 22 de Octubre pronunció una conferencia en el Colegio de Abogados de la calle Chicarreros, donde habló de las innumerables violaciones de Israel contra los palestinos.

Publicamos la entrevista que con motivo de dicha visita a Sevilla publicó el periodista Eduardo del Campo en el Diario de Sevilla el pasado domingo 24 de Octubre.


RAJI SOURANI, DEL CENTRO DE DERECHOS HUMANOS DE GAZA, EN SEVILLA
Eduardo del Campo, Diario de Sevilla, 24 de Octubre de 1999

"Somos la víctima y sin embargo esperan que nos disculpemos"

Ha pasado cinco años en las cárceles israelíes y sufrido interminables sesiones de tortura en las que deseó cien veces la muerte. Pero este abogado de Gaza sigue bien vivo para condenar las violaciones sin cuento de la represión militar en los territorios ocupados y recordarle al mundo que el proceso de paz abierto en la región no ha acabado con los abusos, tanto de Israel como de la Autoridad Palestina.

Es el campeón de los derechos humanos en un rincón del mundo donde los humanos no tienen derechos.

El abogado Raji Sourani sabe de qué habla cuando repasa la "innumerable" lista de violaciones de Israel contra la población palestina de los territorios ocupados, y no sólo porque sea el director del Centro Palestino de Derechos Humanos y lleve más de veinte años defendiendo a las víctimas de la ocupación militar, sino porque él también ha pasado por una sesión de tortura y dormido entre rejas.

Entre 1979 y 1988 consumió cinco años en la cárcel tras otras tantas detenciones: la primera vez por sus actividades políticas en el seno de la OLP. Las otras cuatro sin que pesara ninguna acusación contra él, a no ser la culpabilidad inherente al hecho de ser uno de los abogados más prominentes de la Intifada en unos tiempos en que el proceso de paz hoy en marcha era todavía una quimera.

Vino a Sevilla, invitado por Jueces por la Democracia y la oficina del Defensor del Pueblo Andaluz, a hablar de los presos palestinos y la tortura que Israel ha practicado durante décadas sistemáticamente bajo la definición legal de "presión física y psíquica moderada". Que el Tribunal Supremo israelí haya declarado "no legal" recientemente esa práctica no ha cambiado para nada la realidad de la calle, y el avance que sobre el papel significa esa sentencia se desmorona, explica Sourani, cuando se tiene en cuenta "que los jueces no han invalidado el artículo por cuestiones morales y éticas, en cuanto que Israel es firmante de la Convención Internacional contra la Tortura, sino por una simple cuestión de forma. No se pronuncian sobre la tortura en sí, sino sobre el decreto que lo legalizaba, que procedía de un decreto del poder ejecutivo cuando en realidad, dicen, debería emanar del parlamento".

"Los interrogatorios duraron 23 días sin interrupción, deseé morir cien veces"

Tortura. Sourani la ha sufrido todas las veces en que fue encarcelado. Y describe con detenimiento una de sus experiencias como paradigma de lo que es sólo un caso suave: "Una vez iba a encontrarme con un grupo de personas a las que yo defendía. Vinieron los servicios secretos israelíes y me detuvieron. Eran las tres y media de la tarde. Me desnudaron, me esposaron, me vistieron de preso y me llevaron a la comisaría. Me pusieron de pie en un pasillo con una bolsa de plástico en la cabeza y me prohibieron apoyarme en la pared o sentarme. Al principio, en los interrogatorios, sólo me escupían e insultaban. Así estuve, sin ir al servicio, hasta la mañana siguiente. Sentía un dolor insoportable en la cabeza y empecé a gritar. Cuando me senté al fin, me golpearon y me llevaron a un despacho. Allí había un hombre con los pies sobre una mesa. Le dije que no podía más y me dijo que si confesaba podría descansar. Yo estaba trastornado y le grité que era un nazi, un fascista. El hombre se quitó el zapato y empezó a golpearme en la cara. Subidle arriba y crucificadlo, ordenó a los otros. Yo no sabía la que era eso. Me ataron los brazos en diagonal a una puerta de hierro, siempre con la cabeza tapada por la bolsa de plástico. Estaba destrozado.

Al día siguiente me dieron comida y me dejaron ir al baño. Entonces empezó el proceso judicial. Los interrogatorios duraron 23 días sin interrupción. Sólo paraban cuando perdía el conocimiento.

Recuerdo que deseé morir cien veces. Pues bien, ésta es la forma de tratar a gente respetable, porque yo soy abogado y como decía la ley israelí y soy conocido.

Sourani dice irónico que él sólo sufrió, como decía la ley israelí "una presión moderada". La tortura cuando el preso no tiene el escudo de un nombre es "infinitamente peor" y no respeta "ni a los niños de doce años". El sistema es siempre el mismo: "Primero dan palizas, palizas técnicas, no al tuntún. Luego viene la bolsa, que atan con mallas al rostro y mojan por dentro con agua para provocar la asfixia. Cuentan hasta 35 segundos y sueltan. Más de eso y moriría. Se produce mucha excitación. Otras veces meten gas dentro de la bolsa y la cierran. A veces practican los tres métodos a la vez: paliza, bolsa y gas. La sesión de tortura se practica con la complicidad, consejo y vigilancia de los médicos.

La población palestina, asfixiada económica, política y socialmente, está entrando en un camino de frustración que puede estallar de un momento a otro. Sourani, premiado dos veces conjuntamente con activistas israelíes de derechos humanos, no guarda rencor a sus torturadores, pero se niega a que la paz nazca a costa de consagrar la impunidad de los verdugos y sepultar los horrores del pasado. "Sólo puede perdonar la víctima. Así se hizo en la Comisión de la Verdad de Sudáfrica. Como mínimo, Israel debe reconocer que lo ha hecho". Sourani pone en entredicho el optimismo con que Europa contempla en la distancia el proceso de paz entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina de Yaser Arafat.

Ve que los progresos son mínimos y la población palestina, asfixiada económica, política y socialmente, está entrando en un camino de frustración que puede estallar de un momento a otro. Su misión "es comunicar el peligro del desastre antes de que ocurra".

El defensor que hay en él se conviene en acusador implacable a la hora de señalar a la ocupación militar israelí como origen del conflicto. "Nosotros somos las víctimas y sin embargo se espera que nos disculpemos continuamente por nuestra historia", dice revolviéndose en el asiento cuando se le recuerdan los atentados antijudíos que han servido de excusa a Israel año tras año para mantener el sometimiento. "Por supuesto que estoy en contra de la muerte de ningún civil, por principio. Pero en esencia el problema es que al pueblo palestino se le ve como terrorista mientras que al israelí se le considera víctima. En el sur del Líbano aviones israelíes matan a civiles y nadie lo recuerda. Todas las sangres valen lo mismo".

Sourani se encuentra entre dos fuegos. Uno, el del "régimen de apartheid" de Israel, que le prohibió durante diecisiete años salir de su "guetto" natal de Gaza. Otro, el de la Autoridad Nacional Palestina, cuyos ramalazos autoritarios (detenciones extrajudiciales, torturas, represión de la oposición a Arafat) no se cansa de combatir desde la independencia del Centro de Derechos Humanos, a sabiendas de que las altas cotas de democracia que los palestinos han conseguido gracias a años de cultura de resistencia contra la ocupación y que harán del futuro Estado independiente el más abierto del mundo árabe no pueden ser echados al traste repitiendo los abusos del represor contra el que han dejado la vida. "Si no es bajo el respeto a los Derechos Humanos y la Ley, ¿para qué queremos un estado independiente?, se pregunta. "Es una cuestión de credibilidad".


ORIENTE PRÓXIMO
EL DIRECTOR DEL CENTRO PALESTINO DE DERECHOS HUMANOS DE GAZA VISITA ANDALUCÍA
Carmen Rengel, El Correo de Andalucía, 21 de Diciembre de 2003

Una paz sólo para "traidores"

Sourani critica el pacto de Ginebra por no abordar aspectos clave y censura la falta de ambición de la Hoja. "Ejercemos la resistencia, no el terrorismo, no nos dejan ser buenas víctimas", lamenta.
Raji Sourani conoce demasiadas historias de lucha, derechos violados y vidas destrozadas como para hablar con mesura. Por eso, el director del Centro palestino de Derechos Humanos de Gaza no se muerde la lengua para valorar esos acuerdos de paz entre sus dirigentes y los israelíes con los que la comunidad internacional llena titulares pero que, dice, "sólo los traidores pueden aceptarlos", porque no respetan los derechos del pueblo palestino.


Raji Sourani paseó por Sevilla acompañado por las periodistas
Susana Tello, Carmen Rengel, Carmela Gálvez y Cristina Ruiz

De visita en Sevilla tras recoger el premio de la Asociación Internacional de Juristas en Londres, Sourani se refirió a los recientes pactos rubricados por representantes civiles de Israel y Palestina en Ginebra (Suiza): "No hablan de refugiados, ni de ocupación, ni de derecho internacional ni de independencia", reprocha. Asegura que cuando pregunta a los promotores del acuerdo sobre los mapas que manejan para la futura partición de dos Estados, la respuesta es "no los tenemos".

"Además, llevan a un anexo que no existe los detalles de puntos esenciales como Jerusalén o los refugiados", recuerda entre cansado y furioso. Aplaude, eso sí, la buena intención, pero recuerda que Suiza no está haciendo cumplir a Israel la IV Convención que se firmó en su territorio, y que cerraba las heridas de las dos guerras mundiales. "El artículo 147 afirma que los asentamientos y la anexión de territorios es un crimen de guerra, y eso es lo que hace Israel. El nuevo acuerdo de Ginebra legitima la anexión y los asentamientos, así que estamos ante una agresión", explica.

La Hoja de Ruta, el acuerdo sellado por el Cuarteto de Madrid (formado por la ONU,la UE, Rusia y EEUU), tampoco es de su agrado.

"EEUU financia la ocupación de los israelíes, y Europa mantiene su conspiración de silencio. Acaban con toda lógica, desprecian los derechos humanos, y al final llevan a que se tomen posiciones talibanes", argumenta.

La defensa de los intereses palestinos ante las agresiones israelíes es para Sourani una realidad que no se entiende bien en occidente. "Somos víctimas de una ocupación militar pero no se nos permite que seamos buenas víctimas y nos defendamos, aunque tenemos derecho a la resistencia. No ejercemos el terrorismo, desde luego no defendemos los ataques contra la población civil", puntualiza.

Sourani lamenta que haya "sangre sagrada (la israelí) y sangre invisible (la palestina)", pero no exime de culpa a sus propios dirigentes, la Autoridad Nacional de Arafat. "Está cometiendo un grave error, son los peores abogados para el mejor caso. Tienen nuestra legitimidad, pero sé que ahora no serían reelegidos, porque fuerzan pactos que no nos dan" más que un 18% de la tierra que nos corresponde".

Gaza, una tierra al otro lado de la luna

Sourani reprocha al primer ministro israelí, Ariel Sharon, que convierta en "normal" 50 años de excepcionalidad. En Gaza, donde él trabaja, cada día es un reto. "Es el otro lado de la luna", indica.

La explicación se entiende mejor con cifras: 365 kilómetros cuadrados, 45% de territorio ocupado, 21 colonias, 81 % de la población empobrecida. "Allí la visión de la paz que se tiene es la de la piel, o sea, la de la muerte y la asfixia económica", concluye.


Raji Sourani


LA ANP DEBERÍA PROTEGER A SU GENTE, INCLUSO POR LA FUERZA
Susana Tello, Diario de Sevilla, 21 de Diciembre de 2003

Raji Sourani. Premio Internacional de Derechos Humanos 2003

Dirige el Centro palestino de Derechos Humanos en Gaza, su hogar, desde donde denuncia la violación sistemática de la IV Convención de Ginebra que padece su pueblo, día y noche bajo la ocupación militar israelí, ahogado por lo que este reconocido abogado denomina "la conspiración de silencio" de Occidente.
Declaraciones como las que hace estos días en Andalucía le han costado la cárcel en Israel o el arresto por parte de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Crítico pese a quien le duela, sea árabe o judío, Raji Sourani no puede callar el sufrimiento palestino que, afirma, se amordaza en Occidente, y sólo es audible en boca de los movimientos de solidaridad internacionales.

Por su voz acaba de recibir, el lunes pasado, en Londres, el premio de Derechos Humanos de la Asociación de Servicio Internacional de Naciones Unidas (UNAIS).


Raji Sourani en la sede de Derechos Humanos de Andalucía,
acompañado por Cristina Ruiz, de Alquds Málaga, y Manuel Alcántara
de la Plataforma de Solidaridad con Palestina de Sevilla.

- Tras tres años de Intifada, ¿cómo se vive hoy en Gaza?

Gaza es como la otra cara de la luna. Es un espacio de sólo 365 kilómetros cuadrados, de los que el 40 por ciento está en poder de los colonos, con 21 asentamientos, y el control del mar y de la costa en manos del ejército israelí, donde 1.300000 personas viven en el 58 por ciento del territorio, menos de 200 kilómetros. Para Israel, Gaza es una gran prisión, que secciona en tres partes cuando lo decide. Moverse de una parte a otra es misión imposible para enfermeras, estudiantes, trabajadores...

- En estas circunstancias, ¿qué actitud tiene la población local hacia el proceso de paz?

El paro es del 65 por ciento y el 81 por ciento de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. La renta per cápita es de 800 dólares al año, frente a los 19.000 de Israel, pero los precios del agua, de la electricidad, de la comida, etc. son los de Tel Aviv, Nueva York o Madrid. A eso hay que añadir los asesinatos, las demoliciones de viviendas, los asedios y cierres de las ciudades que los palestinos viven cada día hace tres años. Así que la visión de la paz que tienen los habitantes de Gaza es la que sienten en su piel: terror, muerte y asfixia económica. El rostro de Israel para ellos es el del colono y el del soldado, que les quieren quitar su tierra o su vida.

- ¿Y qué se opina de los dirigentes palestinos?

Nos avergüenza ver a nuestro ministro de Exteriores, Nabil Saath, dar un abrazo a su colega israelí, Silvan Shalom, como ha pasado en una cumbre europea recientemente. Debería pensar en la situación que está pasando en ese momento la gente de los campos de Jabalia, Yenin, Nablús o Yan Yunis. No digo que deba abofetearle, pero debería hacer respetar la sangre de nuestro pueblo. Nuestra dirección política está cometiendo graves errores. Son los peores abogados para el mejor caso posible.

- ¿Está inclinando esa decepción el apoyo popular hacia movimientos más extremistas?

La ANP debería proteger a su gente, incluso por la fuerza. El derecho de resistencia está reconocido en el Derecho Internacional e incluye la lucha armada, siempre que no sea contra civiles.

- ¿No es posible una tregua como la que se ha intentado negociar en El Cairo con las principales facciones palestinas?

Ha habido un alto el fuego y durante los 58 días que ha durado han continuado las matanzas por parte del ejército israelí. ¿Pretenden que seamos buenas víctimas, quietas a la espera de que vengan a matarnos? En El Cairo, Abu Ala [el primer ministro palestino] no ha pedido el alto el fuego, sino que le permitiesen negociarlo él con EEUU e Israel para ver qué sacaba a cambio. Abu Ala negoció Oslo y ahora, diez años después, está negociando que Israel se retire a las líneas del 28 de septiembre de 2000 [el día que comenzó la segunda Intifada]. Eso es inaceptable para cualquier palestino. Lo que están haciendo es desviar la discusión del auténtico asunto, que es: ¿cuando acabará la ocupación?

- Israel se ha comprometido a retirarse si acaba la violencia...

Uno de los éxitos de Ariel Sharon es que ha logrado que la situación de ocupación se vea como algo normal, que se entienda que el toque de queda o los asaltos militares a domicilios deben ser parte de la vida de los palestinos, que se lo merecen... De hecho, ya ni siquiera sale en las noticias. Hace unos días, unas mafias israelíes perpetraron un atentado en Tel Aviv; salió en la CNN. Ayer, el ejército israelí mató a seis palestinos; ¿a quién le importa? Hay sangre sagrada, que es la judía, y sangre invisible, que es la palestina.

- ¿Funcionarían mejor iniciativas como el acuerdo de Ginebra elaborado por Yossi Beilin y Abed Rabbo?

Ese acuerdo, apoyado políticamente y financiado económicamente por el Gobierno de Suiza, permite legitimar los asentamientos y la anexión de Jerusalén, cuando el artículo 147 de la Convención de Ginebra, de la que también es guardián el Gobierno suizo, considera crímenes de guerra la colonización y la anexión de territorios. Por tanto, ese acuerdo y el Gobierno suizo están legitimando crímenes de guerra.


Raji Sourani con la periodista Susana Tello