Solidaridad con Palestina



Un grupo de jóvenes andaluces parten para Palestina

Crónicas de Palestina II
Por Javier García
14 al 28 de Julio de 2008

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las crónicas en "pdf"

Índice de reportajes por orden cronológico de publicación.


Una casa sevillana en Palestina

Lunes, 4 de Agosto de 2008.
por Iria Comesaña de El Correo de Andalucía

Ceremonia

Jaime es arquitecto pero nunca había hecho una casa con sus propias manos, y menos aún en 15 días. Pero este verano ha ayudado a levantar “dos y media” en ese tiempo, y no en cualquier sitio: están en la ciudad de Anata, ocupada por palestinos a los que Israel destruye una y otra vez sus viviendas para intentar rendirlos.

Él es uno de los siete sevillanos que han pasado allí 15 días, colaborando con el Comité Israelí contra la demolición de Casas y la ONG Paz Ahora, para intentar adecentar las condiciones de vida de la población.

Antes de irse, Jaime explicó a El Correo que era su primer viaje a Palestina, y que hacía mucho tiempo que estaba deseando ir para conocer de primera mano el conflicto y poner su granito de arena para ayudarlos. Ayer confirmaba su impresión: “He vuelto con ganas de irme otra vez, porque ha sido estupendo, pero un poco triste por la situación en la que viven los palestinos.

Cuando no les pones cara sabes que tienen dificultades, pero es distinto, yo ahora dejo allí gente con la que he trabajado, que he conocido, y me siento mucho peor”. Por eso considera que su tarea no ha acabado: “Ahora lo que hay que hacer es trabajar desde aquí para conseguir apoyo político internacional y que se resuelva de verdad la situación en la que viven”.

Atravesar los checkpoints o barreras de control y hacer cola a la espera de que los revisaran cada vez que querían desplazarse lo ayudó a tomar conciencia de las “condiciones de humillación y opresión en las que viven”, peores de las que él esperaba.

La comitiva, formada por siete sevillanos y otros diez españoles, iba a rehacer la vivienda de Nadir Elayyan, bombardeada en mayo de 2004 porque no tenía licencia, como todas las de la zona, porque se les niegan sistemáticamente. Desde entonces Nadir, su esposa embarazada y sus dos hijos vivían en una pequeña casa con la familia de su hermano, que tiene cinco hijos. El día antes de regresar a España les entregaron las llaves de su nueva casa, con el agua y la luz a punto.

Satisfecho, Jaime cuenta que su trabajo fue “de peón: llevando carretillas de arena para hacer mezcla y cubos de grava, obedeciendo a las cuadrillas de palestinos más expertas”. Algunos días no había trabajo, pero otros les dedicaron ocho horas, “a piñón”. El resultado ha sido una vivienda de unos 60 metros en una sola planta, con salón, cocina, baño y dos habitaciones.

No fue lo único que hicieron, porque al llegar se toparon con que el encargo era de dos casas en vez de una. “Lo que falta no es mano de obra sino materiales, y al llegar tenían para más de dos casas, así que las hicimos”. Laura, de 23 años y recién licenciada en Periodismo, coge su testigo: “Y se tienen en pie, que es lo más fuerte”, bromea.

También era su primera experiencia en la zona, casi su primer contacto. “Creía que iban a ser más parecidos a nosotros pero cuando llegué, pensé ¡Madre mía! al ver cómo viven”. Por eso, lo que más le llamó la atención fue “que con todo lo que han sufrido siempre estaban sonriéndonos y ofreciéndonos todo lo que tenían. Eso fue lo que más me sorprendió: su calidez”.

Su estancia, en una casa que ya había sido destruida –y reconstruida– cuatro veces, les dejó tiempo libre cuando no había trabajo para conocer a los residentes, su modo de vida y sus preocupaciones. Laura dice que todavía no tiene una conclusión sobre su experiencia: “Es que acabo de volver, han sido muchas cosas y todavía las estoy asimilando”. ¿Pero volverías a ir? “Sí, claro que volvería”.


España reconstruye una casa palestina destruida por Israel

Lunes, 4 de Agosto de 2008.
por Ricardo Mir, de El Periódico de Aragón

La AECID financia un proyecto con participación de jóvenes españoles.

Javier García, sevillano de 31 años, y Lúa García, madrileña de 20, están de buen humor. Cantan el estribillo de Al alba mientras dan los últimos retoques de pintura a una casa palestina reconstruida a las afueras de Jerusalén Este con fondos de la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo (AECID). Junto a una treintena de voluntarios, la mayoría españoles pero también israelís y palestinos, levantan una de las cientos de casas que Israel destruye en los territorios ocupados.

Cada año Israel derriba una media de 360 viviendas ilegales palestinas: 80 en Jerusalén Este y 280 en Cisjordania. La orden definitiva llega por sorpresa. Sus dueños tienen apenas 20 minutos para sacar sus pertenencias antes de que la casa sea demolida. La mayoría lo pierde todo. Israel esgrime que esas viviendas se construyeron sin licencia y que concede el 80% de los permisos solicitados. No miente, pero tampoco dice toda la verdad. Según Amnistía Internacional, la mayoría de los palestinos construyen sin permisos porque les resulta "muy difícil, y a menudo imposible, obtener licencias".

Para el coordinador del Comité Israelí contra la Demolición de Casas (ICAHD), Meir Margalit, se busca frenar el crecimiento de la población palestina, sobre todo en Jerusalén. "Los israelís están aterrados porque en el 2020 los palestinos podrían ser mayoría y elegir al alcalde".

Para evitarlo, añade, Israel echa mano de tres estrategias: destruye casas y limita los permisos para edificar, revoca la residencia a los palestinos que viven temporalmente fuera de Jerusalén y emplea el trazado del muro para excluir de la ciudad al máximo número de árabes.

En este contexto se enmarca la ayuda española --con una inversión de unos 50.000 euros-- a la casa reconstruida en Anata. La modesta casa ya está lista y su dueño, Nader Alayam, ha recuperado la sonrisa.


Casa reconstruida, objetivo cumplido (última crónica)

Jueves, 31 Julio, 2008.
por Javier García

Ceremonia
Finalmente, la casa se terminó. Tras levantar los tabiques de las habitaciones quedó una casa de una planta -con posibilidad de levantar otras por parte de la familia-, de unos 90 metros cuadrados, con salita-recibidor, salón-comedor, cocina, cuarto de baño y dos habitaciones.

Una vez concluido los sistemas de electricidad y fontanería, se colocaron las puertas y las ventanas y se pintó y limpió. Aunque no estaba previsto y viendo que se iba adelantado en el trabajo, se ha hecho también una entradita con piedras para que la familia plante un pequeño jardín.

En la entrega de las llaves se organizó una ceremonia donde participaron los cooperantes, la familia y los vecinos. Portavoces del ICAHD, de los cooperantes, del municipio de Anata y de la familia hablaron en la misma.

Foto con la familia

Jeff Halper, antropólogo israelí y cofundador del ICAHD, recordó que la lucha continúa y nos habló de la expedición internacional que partiendo de Chipre va a intentar romper el bloqueo a Gaza. La expedición que partirá el próximo 5 de agosto está compuesta por dos barcos con Palestinos, Israelíes e Internacionales noviolentos y desarmados. Entre las personas que realizarán la ruptura del bloqueo se encuentra una monja católica de 81 años, una superviviente del Holocausto de 83, palestinos de Gaza, personas de 16 nacionalidades, profesando al menos 4 religiones importantes y prensa internacional. La única persona del Estado Español que se embarca es Ana María Fernández, ex-abogada, de Vilanova i La Geltrú, 61 años. Salim Shawamre, que dirigió la ceremonia, y Jeff Halper participarán en la expedición representando al ICAHD.

El movimiento de solidaridad internacional con Palestina y en, particular, contra el bloqueo a Gaza, estaremos muy pendientes de la suerte de nuestros compañeros y exigiremos que esta expedición que transporta medicamentos y ayuda humanitaria llegue con éxito a su destino y no sea interceptada por las autoridades militares israelíes.

En la ceremonia estuvo presente también Xavier Abu Eid, de la Oficina de relaciones Políticas de la OLP, demostrando con su presencia que la creación de puentes entre israelíes y palestinos en el camino de una paz justa es posible.

La televisión española y la cadena SER registraron la ceremonia. En el principal informativo de la noche de la TVE1, Alonso Santos -representando a los cooperantes-, dejó claro que más allá de reparar una injusticia -la demolición de la primera casa de la familia Elayyan, ocurrida el 21 de abril de 2004-, “la reconstrucción de la casa es también un acto de resistencia no violenta contra la ocupación, un ejercicio de desobediencia civil”.

Metiendo los muebles

También habló para TVE1, Fidaa, la madre de la familia Elayyan, que tras agradecer a todos, israelíes, palestinos e internacionales, su solidaridad, no ocultó su temor ante las cámaras: ”tengo miedo de que vuelvan a tirarla”.

Finalmente, Meir Margalit, coordinador del ICAHD, denunció ante la televisión española que las autoridades israelíes no conceden licencias de obras a los palestinos pero si se les permite a los colonos “por el temor de que los palestinos lleguen a ser mayoría en Jerusalén y así negándoles el permiso de construcción motivan que abandonen la ciudad”.

La fiesta

Tras la ceremonia de entrega de las llaves, ayudamos a la familia a meter los muebles en la casa e iniciamos la fiesta donde bailamos y cominos todos juntos.

Tras el trabajo cumplido regresamos a nuestros hogares siendo conscientes de que el trabajo de reconstrucción de la casa, el encuentro con los problemas que genera la ocupación y la convivencia ha creado un grupo muy compacto, sensibilizado y decidido de construir en sus propios territorios la solidaridad con Palestina organizando actividades por una paz justa.


Los colonos, una barrera para el proceso de paz

Martes, 29 Julio, 2008.
por Javier García

Una calle de Maale Adumin
Meir Margalit, coordinador del ICAHD, nos explica: “Hay dos tipos de colonos, los económicos y los ideológicos. En los asentamientos las viviendas son más baratas y la gente que no puede costearse una vivienda en Jerusalén opta por hacerse colono. Los asentamientos económicos podrían ser desmantelados con cierta facilidad. Sólo hay que ofrecer incentivos para que lo abandonen. Lo complicado van a ser los colonos ideológicos”

Una colonia económica tipo es, por ejemplo, la de Maale Adumin, muy cerca de Jerusalén. Se trata de una colonia de 30.000 personas con todos los lujos, la más grande de toda Cisjordania. Existe desde 1995. Las casas unifamiliares con jardín con tres o cuatro habitaciones son más baratas que un pequeño estudio de Jerusalén.

Estamos en medio del desierto y las calles están rodeadas de jardines, hay piscinas,… Mantener todo esto implica un consumo de agua desorbitado. Un agua que falta y mucho en las ciudades palestinas de Azaria (10.000 habitantes) y Abu-Dis (12.000 habitantes) que están situadas justo al lado.

Piedras tiradas por colonos

El 85% de los asentamientos son económicos, pero el 15% restante son políticos e ideológicos. Como el que existe en medio de la ciudad palestina de Hebrón. Fue establecido en 1968 y ha ido ocupando poco a poco todo el centro histórico y comercial de la ciudad, lo que ha significado la ruina y el cierre de muchos negocios, expulsión de familias enteras, apropiación indebida de casas, cortes continuos a la circulación de personas y vehículos, etc. 50.000 palestinos fueron desplazados del centro de la ciudad para albergar a 600 colonos ultraderechistas que reclaman el derecho de vivir en Hebrón porque dicen que algunos patriarcas judíos están enterrados allí. Concretamente se trata de Abraham, Isaac, Jacob, Sara, Raquel y Lea.

Este tipo de asentamientos son más difíciles de desmantelar. Los colonos de Hebrón, por ejemplo, tienen derecho a portar armas y en 1994, uno de ellos, Baruch Goldstein penetró en la mezquita de Al-Jalil en Hebrón y cometió un asesinato múltiple: mató a 29 palestinos que rezaban allí.

La colonia de Hebrón está protegida por el ejército, pero ningún colono puede ser detenido por un soldado. Para eso está la policía israelí. Vemos, entonces, que en medio de una ciudad palestina con más de 100.000 habitantes, hay unidades del ejército y de la policía israelí y a escasos metros, tenemos a la policía palestina a las órdenes de la Autoridad Nacional Palestina.

Los colonos pueden entrar y salir libremente, pero los palestinos no pueden entrar en la zona reservada para los colonos y vigilada por el ejército. Estos colonos, además, son especialmente violentos, tiran piedras y basura en las calles palestinas que han tenido que protegerse con mallas metálicas. Las visitas de internacionales son recibidas también con violencia: tiran huevos, escupen, graban y fotografían a la gente, etc.

Los asentamientos de colonos son parte de la estrategia de la ocupación. Están colocados estratégicamente ocupando las zonas con recursos hídricos, sirviendo de colchón al ejército para sus operaciones y dividiendo la Cisjordania palestina, creando los actuales batustanes: el del norte en torno a Nablus y Jenin, el del centro alrededor de Ramalah y Belén, el del sur en torno a Hebrón y el del este, alrededor de Jericó.

Esperando para cruzar el check-point

Los check-points, las carreteras exclusivas para colonos y el maldito muro complican a niveles insospechados la vida cotidiana de los palestinos. Y todo ello se justifica por la seguridad de los asentamientos. En realidad, todo este entramado nada tiene que ver con la seguridad, sino con el establecimiento de una nueva frontera política donde una vez más los palestinos pierden tierra, recursos y oportunidades de desarrollo.

El pueblo palestino no aceptará un acuerdo de paz definitivo en la lógica de los dos estados que no contemple el desmantelamiento total del muro de la vergüenza, los check-points y los asentamientos de colonos. Si parte de los colonos quieren quedarse en Cisjordania deberían aceptar la soberanía palestina en todos los órdenes.

La religión no debería ser un problema. Se debe garantizar la libertad de culto para todas las confesiones y el acceso libre -aunque regulado por consenso- de los fieles a los santos lugares de las tres religiones. Pero siempre partiendo de la igualdad de derechos y de la renuncia a los privilegios, todos ellos adquiridos por la fuerza de las armas.


Gaseados pero vivos

Domingo, 27 Julio, 2008.
por Javier García

GasesEl ejército israelí reprimió duramente la protesta que todos los viernes realiza el pueblo de Bi’lin contra el muro de la vergüenza que recorre Cisjordania. Un grupo de internacionales fuimos a apoyar la protesta, siendo testigos del empleo abusivo de gases lacrimógenos por parte de los soldados.

Manifestación

La protesta comenzó tras el rezo en la mezquita, sobre la una del medio día, hora local. Mientras que los internacionales nos concentramos en un centro comunitario dentro del pueblo, los palestinos iban llegando e incorporándose hasta formar la columna de la manifestación.

Una vez organizada la manifestación nos dirigimos hacia la valla que estaba custodiada por el ejército israelí. Al frente, iban los dirigentes del comité popular local que organiza todos los viernes la manifestación. Colocaron al frente a un chico maniatado con una venda en los ojos, simbolizando la ausencia de derechos de los detenidos palestinos en un estado que dice ser democrático pero donde la tortura es legal.

Abriendo la barrera

Detrás, unas 200 personas, entre palestinos e internacionales, gritando consignas como “one, two, three, four, ocupation no more”, “Army israeli, terrorist”, “no justice, no peace”, “no, no, to the wall”, en inglés.

Y también, “viva, viva, viva, la lucha palestina” y “el pueblo palestino jamás será vencido” en español, todas ellas coreadas por los palestinos, que no paraban ni un segundo de gritar y jalear al resto.

Tras recorrer unos 500 metros llegamos a las vallas. Un palestino abrió la barrera y nos manifestamos entre dos vallas de unos 4 metros de altura cada una.

Tras la más lejana un dispositivo del ejército nos observaba desde cerca con los fusiles en la mano. Nos tendimos en el suelo siguiendo las instrucciones de los dirigentes palestinos, sin parar de gritar, mientras que los numerosos medios de comunicación, televisiones incluidas, registraban la protesta.

Ante la valla

Tras un cuarto de hora de protesta, volvimos a cruzar la barrera en dirección al pueblo, fue en ese momento cuando comenzó el infierno. Empezaron a disparar botes de humo que se dirigían hacia nosotros a gran velocidad en una trayectoria rasante que podía impactarnos directamente. De hecho, a un palestino le dio de lleno por detrás y cayó al suelo. Tuvimos que recogerlo del suelo y sacarlo de allí. Había un vehículo preparado para los heridos y rápidamente fue evacuado hacia una ambulancia que esperaba en el pueblo.

Con semejante trayectoria, cuando no impactaba en alguno de nosotros, el proyectil no caía en un punto y soltaba el gas sin más, sino que saltaba dos o tres veces, desorientado a los manifestantes.

En cuestión de minutos tuvimos que aprender a detectar la dirección del viento para no entrar en el radio de acción del gas. Intentamos aplicar lo que antes de salir de Andalucía nos explicaron los monitores de Paz Ahora sobre los gases. Pero no tuvimos mucho éxito. La verdad es que ninguno salimos indemnes, todos probamos el gas.

Honda

De pronto, sin verlo, el gas empieza a quemarte la cara, los ojos te empiezan a llorar, te pica toda la piel y la garganta se seca, no puedes respirar, la impresión es que te ahogas y sólo quieres salir de ahí como sea.

Carreras para arriba, para abajo, huyendo del gas, que caía por todas partes. Fuimos gaseados durante una hora aproximadamente, los palestinos no se iban de allí y nos quedamos junto a ellos hasta el final. Para poder respirar mejor nos poníamos una cebolla en la nariz. El fuerte olor de la cebolla activa los mecanismos del aparato respiratorio y alivia la sensación de ahogo.

Los chavales palestinos lanzaron piedras con sus hondas que impactaban contra los vehículos militares. El alcance (unos 150 metros) y la velocidad de las piedras que lanzaban nos sorprendió a todos. Piedras contra armas modernas, el David palestino contra el Goliath israelí, la historia se re-escribe.


Las barbaridades del ejército israelí

Sábado, 26 Julio, 2008.
por Javier García

Soldados
En Israel, el servicio militar es obligatorio. Los chicos tienen que cumplir tres años de servicio y las chicas dos. En muchas ocasiones se ven envueltos en acciones represivas en los campos de refugiados y las ciudades palestinas de los territorios ocupados. También sirven en los check-points que controlan Cisjordania.

Las situaciones de deshumanización y desprecio por la vida humana en las que se ven envueltos, el conocimiento de los métodos brutales y racistas empleados por el ejército y el cuestionamiento de la ocupación militar han hecho que gran parte de la juventud no quiera servir en el ejército. El 25% del reemplazo de abril de 2008 pidió ser eximido del servicio militar, la mayoría de ellos por motivos de salud, ya que, la objeción de conciencia no está aún reconocida. Los objetores se enfrentan a un juicio militar y hasta un año de cárcel.

Soldados

La situación es tan grave que el Gobierno israelí ha empezado a contratar servicios de seguridad privados. Hemos podido ver en los check-points a estos guardias de seguridad que completan la guarnición del ejército.

La crisis de reclutamiento es el fondo una crisis de estado. No olvidemos que el Estado de Israel fue impuesto militarmente, que se ha mantenido en gran parte por la ayuda militar y económica recibida del exterior, en particular de los EE.UU. (se calcula que varias veces el monto del Plan Marshall), que la mayoría de sus líderes políticos fueron jefes militares y que tras varias guerras, es la principal institución del país.

Una parte de los jóvenes de hoy no sienten el “patriotismo” de sus padres y abuelos, no están tan motivados como sus ancestros y sobre todo, no ven la necesidad de morir por ampliar la frontera ni prolongar la ocupación. Esta desmotivación, unida a la destreza militar de las milicias de Hezbolá, fue la causa de la reciente derrota sufrida en Líbano.

La brutalidad de las misiones represivas en los territorios ocupados tampoco atraen a los jóvenes. Gracias a organizaciones de exsoldados como “Breaking de Silence” (Rompiendo el Silencio) se ha conocido la brutalidad de los métodos que emplea el ejército.

Resulta, como mínimo paradójico, que algunos de estos métodos fueron empleados por los nazis en la 2ª Guerra Mundial. “Cuando alguien mataba a un palestino la unidad se ponía en fila e iban rematando el cuerpo uno a uno. Cuando se entraba en ciudades palestinas y se veía una bolsa sospechosa había tres opciones: llamar a los artificieros para desactivar un posible explosivo, disparar a la bolsa y, por la que optábamos la mayoría de las veces, decirle al primer palestino que pasara en ese momento por la calle que la cogiera él, así metíamos miedo a la gente con el objetivo de impedir que colocaran más bombas”, relata Juda, activista de esta organización

Soldados

“Una jornada significa para un soldado: entras en una ciudad palestina, te ven, te tiran piedras, les lanzas gas lacrimógeno, corres, sudas y te vas. Hay mañanas que esperas tener un día tranquilo te levantas pensándolo y entonces al primer niño palestino que veas lo pones delante de la patrulla, y así nadie te tira piedras. La mayoría de los soldados optaban por utilizar al niño como escudo humano. El nivel de apatía al que se llega estando de servicio es muy alto. Una vez entramos en una casa palestina metimos a la familia en una habitación y nos tumbamos a dormir durante horas en su salón con dos soldados de guardia, cuando me desperté vi que ellos también estaban durmiendo y entonces puedes hacer dos cosas echarles la bronca o seguir durmiendo. El ejército utiliza medios como atravesar casas reventando muros. Primera casa, pones el explosivo, oyes llorar un niño, no sabes dónde está y eres consciente de que puedes matarlo. A pesar de eso colocas el explosivo y revientas el muro. Al pasar el segundo muro te encuentras una tele y le pegas un tiro y llega el comandante y te pregunta qué coño has hecho y tú le cuentas que acabas de matar un bebé y qué importa una televisión. Una vez que has hecho cosas como éstas, nunca puedes ver a un palestino como a un igual”


Vacaciones de esperanza

Miércoles, 23 Julio, 2008.
por Javier García

Niños con banderas

86 niños y niñas de 12 campos de refugiados situados en diez ciudades de Cisjordania han llegado a la Península Ibérica para pasar un mes bajo el programa “Vacaciones para la Paz” organizado por la ONG, Paz Ahora.

En una de las desconexiones del programa oficial, un grupo de nuestra Brigada de Solidaridad tuvimos la oportunidad de acompañar a estos niños y niñas desde Nablus a Jericó en la frontera jordana. Una parte importante de ellos son huérfanos o tienen a su padre encarcelado por motivos políticos en las prisiones del régimen sionista.

En los campos de refugiados palestinos se concentran dos variables muy peligrosas para un niño: la violencia y la pobreza. Ambas están relacionadas. El nivel de desempleo es altísimo y muchas familias dependen de la ayuda humanitaria. La economía se ve interrumpida por los ataques del ejército israelí que, en gran parte, se producen en los campos de refugiados.

Niños con monitoraEn 2002, en Aida Camp, en Belén, nos contaron como el ejército explosionó una puerta y mató a la madre de una familia de siete miembros dejando a los niños huérfanos. Los soldados, tras matar a la mujer, siguieron su ataque en este campo sin atender a los niños que quedaron traumatizados. También, en este campo, un padre de familia que estaba desayunando con sus hijos se asomó a una ventana de su casa y recibió un disparo en la cabeza, esparciendo los sesos sobre la mesa donde desayunaban los niños.

Estos dos durísimos ejemplos sirven para expresar gráficamente cómo los niños están traumatizados por las escenas de violencia que han vivido. Conviven con una muerte diaria y, sin embargo, no han perdido la sonrisa. Nos sorprendió a todos los cooperantes la madurez forzada de estos niños.

Jasmin y Azahara son palestinas y trabajan en nuestra brigada, sus impresiones y sentimientos son la mejor conclusión de esta crónica.

Jasmin: “Finalmente vuelvo a mi tierra, a la ciudad donde nació mi padre, donde encuentro gente querida. En los territorios ocupados es inevitable para mi no sentir la angustia de esta cruel ocupación. Las mismas víctimas de esta injusticia nos acogieron con el más caluroso de los abrazos. En las casas de los refugiados, vivimos las historias de lucha, incursiones, cárceles que nos contaban, entre sorbo y sorbo de té, unos chicos de no más de 20 años. Con los niños lo que más me llamó la atención fue que a pesar de su corta edad, de su fragilidad, parecían más maduros, como pequeños hombres. Como palestina de 26 años, al dejar estos niños, cogí la fuerza para seguir luchando por nuestra tierra, Palestina”.

Niños con javier

Azahara: “Crecen demasiado rápido, pero siguen siendo niños, podía haber nacido aquí, pero no pude, la ocupación no lo permitió, sin embargo el día que conocí a estos niños sentía su alegría, sus nervios por el viaje, su ilusión, te abrazaban, besaban, cantaban, había una energía que nunca antes había sentido, sentí pena cuando me despedí de ellos, se sentaron haciendo un circulo a mi alrededor, era emocionante, inventamos un nuevo idioma, el idioma del futuro, el idioma de la paz, los niños son el futuro del pueblo palestino, así que si algún soldado leyera este mensaje desde aquí le digo: deja a los niños crecer en paz, no les cierres los campos de fútbol, no separes sus pueblos, no les humilles, ni desgastes sus mentes, porque son niños y tienen el derecho a vivir como tales”


No hay sitio para los árabes en la tierra prometida

Martes, 22 Julio, 2008.
por Javier García

butha

Un 24% de la ciudadanía israelí son palestinos. Israel los llama árabe-israelíes. Su situación, siendo mejor que la de la población palestina de los territorios ocupados, no deja ninguna duda: son ciudadanos de segunda.

Buthaina es una arquitecta palestina que estudió en Checoslovaquia y se especializó en urbanismo. Ella trabaja en Ramle para Shatil, un proyecto de conservación de la multiculturalidad de las llamadas ciudades mixtas. Es concejal en el Ayuntamiento representando a una coalición entre el partido comunista israelí y un partido árabe: ”Somos dos de un ayuntamiento de 17”, comenta.

Antes de la Nabka -la catástrofe que supuso la destrucción de 500 poblaciones y la expulsión de medio millón de palestinos de su tierra-, un tercio de la población palestina se concentraba en cinco ciudades: Haifa, Jaffa, Aco, Lod y Ramle. Dos millones y medio de refugiados palestinos proceden de estas cinco ciudades. Durante la Nabka, de 20.000 palestinos que vivían en Ramle sólo quedaron 900. El resto fue expulsado a la fuerza por un destacamento sionista dirigido por Isaac Rabin, que luego sería primer ministro de Israel. Ramle era el punto central de una región donde 64 poblaciones palestinas fueron arrasadas.

Tras la expulsión de la población, vino el saqueo. En las cinco ciudades, 44.000 edificios palestinos -escuelas, hospitales, viviendas, mezquitas, etc- fueron expropiados por el nuevo Gobierno israelí. De ellos, 22.000 edificios han sido demolidos en una política de destrucción de los vestigios palestinos. De los 3.800 edificios confiscados de Ramle sólo quedan en pie un 20%.

Niños cruzando la vía

Ramle fue fundada en el 716 por el califa Suleiman y su localización ya aparecía en los mapas que se entregaban a los cruzados y a los peregrinos porque se encontraba en el camino a Jerusalén. “La destrucción de estos vestigios supone un atentado a la historia común de las tres culturas. Actualmente, siguen demoliendo casas y edificios en un intento de borrar la historia. En los últimos cinco años, 180 casas han sido demolidas entre Ramle y Lod. Sólo en esta última ciudad, hay 600 órdenes de demolición. Ahora, hay tres veces más demoliciones de casas dentro de Israel que en los territorios ocupados” afirma Buthaina.

En Ramle, el 20% de la población es palestina. “Nos tratan como un peligro demográfico. Si la población árabe sobrepasa ese porcentaje, automáticamente traen nuevos inmigrantes.

“El racismo es abierto”, denuncia Buthaina. Yoel Lovi, el Alcalde, del Likud antes y ahora del Kadima quiso cambiar el nombre de la ciudad con la excusa de que los inversores no iban a inyectar dinero en una ciudad con nombre árabe. De momento no lo ha conseguido, pero sí ha borrado todos los nombres árabes de la ciudad antigua. “Nada más llegar al Ayuntamiento nos dijo a los dos concejales de nuestro grupo: no sois bienvenidos aquí, iros a otro sitio”.

En el barrio árabe -que existe desde antes de 1948- sólo viven en la actualidad 180 personas. No había conexión entre este barrio y el centro. Ningún autobús llegaba aquí, incluso el autobús para el transporte escolar fue suprimido por el Alcalde. “Conseguimos una parada de autobús para conectar el barrio con el resto de la ciudad porque ganamos el juicio. El Alcalde se negó, pero ha tenido que aceptarla, aunque no hay ninguna protección contra el sol o la lluvia”, sentencia Buthaina.

Una vía de tren separa ambos centros urbanos y los niños tienen que cruzar la vía todos los días en varias ocasiones sin que haya ningún paso señalizado ni seguridad alguna dado que el tren pasa a gran velocidad y apenas se escucha cuando llega.

Jardín de Infancia

Seis personas han sido atropelladas. Ahora hay un plan para duplicar las vías y se ha solicitado un paso subterráneo pero el Alcalde se ha negado porque afirma que el barrio es ilegal. Es “ilegal” porque en el PGOU, el Alcalde, ha colocado el barrio árabe dentro de una zona industrial donde no puede haber viviendas. Para colmo una cantera próxima está haciendo que los casos de asma se disparen.

El racismo del Alcalde llega a límites surrealistas. Por propia iniciativa, los habitantes del barrio árabe levantaron un jardín de infancia y le pusieron “Parque Amir” en recuerdo de uno de los niños atropellados. Pero el Alcalde dijo que no se podía poner ese nombre y que el parque era ilegal y amenaza con desmantelarlo.

El racismo de estado se manifiesta, también, mediante los planes urbanísticos. Todo vale con tal de expulsar, marginar, discriminar… a los árabes que no pueden tener sitio en la tierra prometida.


Fawzieh, otra víctima de la limpieza étnica israelí

Sábado, 19 Julio, 2008.
por Javier García

Fawzieh
En Sheikh Jarrah, Jerusalén Este, la familia al-Kurd se enfrenta a un desalojo inminente. La Corte de Justicia israelí puede decretar el desalojo en cuestión de días.

En una manzana de este barrio se están introduciendo familias de la organización de colonos israelí Nahlat Shemoun con el objeto de ir cambiando poco a poco el perfil sociológico del barrio, convirtiendo una zona árabe en judía. Hasta seis casas de familias palestinas han sido ocupadas a la fuerza por familias de colonos.

Fawzieh, la madre de la familia al-Kurd, nos dice: “Teníamos una casa en Jerusalén Oeste y nos echaron en 1948. El gobierno jordano nos dio esta casa, vivimos aquí desde 1954, aquí crecieron mis hijos, ya nos quitaron una casa y ahora pretenden quitarnos otra”

En 1999, la casa colindante de esta familia fue ocupada por colonos. Ese mismo día, también intentaron ocupar la suya pero una de las hijas impidió la entrada poniendo muebles tras la puerta. La justicia israelí decretó el desalojo, pero a día de hoy, los colonos siguen ahí.

Cómo era de suponer la convivencia no es fácil. Los colonos llegaron a entrar armados en la casa de Fawzieh e intentaron involucrar a su familia con la resistencia palestina: ”Pusieron armas detrás de nuestra casa para acusarnos de terroristas y así poder echarnos”. Los hijos de los colonos aprovechan la costumbre árabe de tener las puertas abiertas para molestarles: ”entran en nuestra casa, cojen lo primero que ven y salen corriendo”.

Banderas israelíes en la fachada de la casa
Como se puede apreciar en la foto han puesto la bandera israelí en sus casas, como hacen también la ciudad antigua. El odio de los colonos hacía los palestinos llega a extremos de psiquiátrico. Fawzieh nos cuenta cómo vió a la madre de la familia israelí enseñarle a su hijo de cinco años una foto de un líder palestino y le dijo: “mira, hijo, este es un árabe, son nuestros enemigos, cuando seas mayor tendrás que matarle, porque con los árabes nunca habrá paz”.

La familia no tiene mucha confianza en la justicia israelí: “Tenemos documentos que demuestran que esta casa es nuestra. Los colonos han presentado documentos falsificados, pero la Corte de Justicia está influida por los colonos, no cumplen con la ley, sino con los deseos de los colonos. Ellos me han ofrecido mucho dinero por la casa, ¿qué mejor prueba de que no les pertenece?”, recalca Fawzieh

La política de establecer pequeñas colonias judías en Jerusalén Este se viene realizando desde hace años en la ciudad antigua, en la zona del Monte de los Olivos, en Ras Almoud, en Wadi Joze, etc y tiene por objeto limpiar de palestinos Jerusalén Este, cambiando la fisonomía de la población y terminando por unir estas pequeñas colonias con los grandes asentamientos de colonos de los alrededores de Jerusalén, como el de Maale Adumim (30.000 colonos), situado en la Cisjordania palestina.

Este plan de llevarse a cabo hasta sus últimas consecuencias haría imposible en la práctica cualquier acuerdo de paz que tenga a Jerusalén Este como capital de un futuro estado palestino. Y ese es, precisamente, el propósito de los colonos.

Es muy importante, por tanto, que este nuevo caso de expulsión de palestinos de Jerusalén, de auténtica limpieza étnica, no quede en el olvido. Hay que rodear a esta familia de la solidaridad internacional y enviar mensajes de protesta a la Corte de Justicia israelí.

Azahara, la chica palestina que soportó una retención de seis horas en el aeropuerto de Ben Gurión, concluye: “Las violaciones de los derechos humanos están a la orden del día en esta tierra, la única ley que rige es la de la ocupación, la del apartheid, la del asesinato mental y fisico del pueblo palestino, la impotencia, la desesperación, la incomprensión, son sentimientos comunes que todos los palestinos tenemos, pero la resistencia es más fuerte que todo eso, es más fuerte que cualquier arma del mundo, no nos marcharemos de nuestra tierra, porque nosotros cultivamos esta tierra cientos de años atrás, porque resistiremos este genocidio, nuestros niños invadirán las calles, al grito de una Palestina libre”.


No era una casa, sino dos

Viernes, 18 Julio, 2008.
por Javier García

¿Dos casas? ¿En quince días? ¿Cómo es posible? Esas eran las preguntas que nos hicimos los brigadistas cuando nos enteramos de que íbamos a reconstruir dos casas y no sólo una como estaba previsto.

Albañiles, arquitectos, gente que entiende de la materia nos decían antes de partir que era imposible construir una casa en ese plazo.

Los menos incrédulos nos imaginamos que la casa se entregaba a la familia en bruto, sin enfoscar, sin pintar, sin el sistema de electricidad. Pero estábamos equivocados, las llaves de la casa se le entregan a la familia para que pueda vivir de forma inmediata en ella y por tanto, se entrega con la fontanería terminada, con luz, pintada,… en perfectas condiciones de habitabilidad.

Casa
Meir Margalit, coordinador del ICAHD, lo explica: “La labor es difícil pero no se puede tardar más porque la inspección municipal israelí de Jerusalén puede demoler la casa en cuestión de horas si es descubierta. Al ser la construcción ilegal, la única posibilidad es que la familia habite la casa cuanto antes. Con la familia dentro podemos iniciar un litigio judicial y hacer que la casa esté en pie hasta diez años, a veces. Pero sin la familia dentro existe la posibilidad de que sea demolida de nuevo si descubren que la estamos reconstruyendo. Por eso hay que construirla tan rápido. Es una carrera contra reloj”.

Casa

Cuando llegamos hace cuatro días a la obra nos encontramos la cimentación realizada y nos pusimos a levantar la estructura.

Contamos con la valiosa ayuda de cuatro profesionales palestinos que son los que dirigen el trabajo en todo momento.

Entre las dos casas hay unas 40 personas trabajando por turnos con mucha ilusión e ímpetu. Se trata de un grupo de varias nacionalidades diferentes: hay norteamericanos, ingleses, portugueses y nuestra brigada compuesta por madrileños, catalanes y andaluces.

El trabajo se desarrolla en un ambiente distendido, estamos rodeados de niños que no paran de gastarnos bromas y de echar un cable. Parece increíble que en un lugar donde existe una amenaza diaria para la vida el ambiente sea tan alegre y tan humano.

Casa

Nosotros trabajamos en una casa de unos 90 metros cuadrados, la llamamos la casa grande. La otra sólo tiene unos 50 metros cuadrados.

El mismo martes que llegamos, por la tarde, se levantaron los pilares. Cubo a cubo se rellenó de hormigón el enconfrao. El miércoles colocamos las bovedillas en el techo. El jueves por la mañana se puso la armadura y por la tarde, se bombeó el hormigón terminando el techo. Y también se empezaron los tabiques.

Hoy iniciamos nuestro cuarto día y ya empezamos a creer que es posible terminarla a tiempo. Es posible, tiene que ser posible, haremos que sea posible.


“Esto no pasa en ninguna parte del mundo“

Jueves, 17 Julio, 2008.
por Javier García

Casa en construcción

“No hay palabras para describir lo que ustedes están haciendo. Todos los palestinos apreciamos lo que estáis haciendo aquí. Podrían haberse ido a cualquier sitio a descansar pero han preferido sacrificar sus vacaciones para venir aquí a trabajar” afirma Salim.

Salim es el cabeza de una familia con mujer y seis hijos al que le han demolido la casa en cuatro ocasiones: “Vienen 200 soldados, la policía, los buldozers, por la mañana muy temprano, te echan de la casa, te tiran los muebles, te destruyen la casa y te dejan en la calle con tu mujer y tus seis hijos. Esto no pasa en ninguna parte del mundo”

Desde 1967, 18.000 casas han sido demolidas por Israel, dejando en la calle a más de 100.000 palestinos. El 95% de estas demoliciones no tienen nada que ver con temas de seguridad. Sólo es parte de la política israelí de apoderarse del país, echando a los palestinos de la tierra en la que han crecido generación tras generación para concentrarlos y hacinarlos en pequeñas zonas controladas por el ejército al estilo de los batustanes sudafricanos del apartheid.

Casa destruida

“Las demoliciones de casas es uno de los aspectos más dolorosos de la ocupación. Es la esencia del conflicto pues en síntesis se trata de una gente que echa a otra de su tierra para quedarse con ella” subraya Jeff Halper, director del ICAHD, el Comité Israelí contra la Demolición de Casas.

El ICAHD ha reconstruido 130 casas en diez años de existencia. “Se trata de un acto de solidaridad y desobediencia civil. Las casas que reconstruimos, una vez que entra la familia a vivir, pueden durar hasta diez años sin ser destruidas a pesar de que la reconstrucción es ilegal y la amenaza de una nueva demolición puede hacerse efectiva en cualquier momento. Sin embargo, adquirimos el compromiso de reconstruir las casas que destruyen” nos comenta Meir Margalit, coordinador del ICAHD.

“Cuando mi hija vio venir a los soldados, en la que ya era la tercera demolición de mi casa, yo le dije que no se preocupara, que la protegería. Mi hija me contestó que ella ya había visto como los soldados derribaron nuestra casa y me pegaron y que yo no podría hacer nada para evitarlo. Entonces es cuando uno llega a darse cuenta que ni siquiera puedo proteger a mi hija pequeña. Reconstruir una casa es una forma concreta de resistir la ocupación. Y esto lo van a entender cuando ayuden a la familia a meter los muebles en la vivienda” nos dice Salim.

Tierra pedregosaLa historia de Salim se repite en cada familia palestina a la que le han demolido la casa. “Solicité tres veces la licencia de construcción, pagué más de 15.000 dólares y me denegaron el permiso las tres veces. Uno de los pretextos era que el terreno era inclinado. Pero en Jerusalén todo el terreno es así, porque es una zona montañosa. Otro pretexto era que se trata de un área agrícola, como verán ustedes aquí nadie ha plantado nada desde los tiempos de Adán y Eva porque es un terreno pedregoso

La casa reconstruida de Salim lleva cinco años en pie, pero todavía no puede evitar algo que se ha convertido en una costumbre tras la pesadilla que ha vivido su familia: ”Cada mañana lo primero que hago al levantarme es mirar por la ventana y comprobar que no hay un buldózer en mi puerta”


Anata: una isla palestina rodeada por un muro de intolerancia

Miércoles, 16 Julio, 2008
por Javier García

Campo y asentamiento
Tras los “obstáculos” del aeropuerto, por fin, llegamos a nuestro objetivo: Anata. Una pequeña ciudad de 30.000 habitantes que incluye entre su población al campo de refugiados de Shu Afat donde 20.000 personas se hacinan en tan sólo un kilómetro cuadrado.
La mayoría de estos refugiados provienen de la población expulsada a la fuerza en la Naqba: la catástrofe que supuso la destrucción por parte del sionismo armado de 500 poblaciones palestinas en 1948. Los refugiados que se establecieron en Jerusalén fueron a su vez expulsados en 1967 de la zona tomada por el ejército israelí dando lugar a este campo de refugiados.
En la foto se puede apreciar a la izquierda el campo de refugiados y a la derecha un asentamiento israelí de colonos. La diferencia entre ambos es evidente: mientras en el primero las familias tienen que ir construyendo nuevas plantas en las casas para ir acogiendo a los nuevos miembros, es decir, se produce un crecimiento en vertical por la falta de espacio, en el asentamiento de colonos se distinguen modernas casas unifamiliares y amplias zonas para su futura expansión, desarrollándose en horizontal.

Muro
También se puede apreciar el muro que separa los dos enclaves. Un muro que acabara rodeando Anata por todas partes menos por una que conecta la ciudad con Jerusalén. Lógicamente el paso está vigilado por un check-point israelí. Lo curioso y a la vez dramático es que más del 50% de la población de Anata no puede ir a Jerusalén porque poseen la tarjera verde que les identifica como palestinos de los territorios ocupados. Si esta barbaridad se consuma, miles de palestinos, hombres, mujeres y niños se encontrarán encerrados de por vida sin posibilidad alguna de salir de este nuevo gheto.
Llama la atención la corta memoria que tienen las autoridades israelíes. Todavía el mundo se escandaliza con la vergüenza del gheto de Varsovia y los gobernantes de Israel repiten, copian, imitan los métodos genocidas de los nazis del III Reich que asesinaron a seis millones de judíos, entre otros colectivos -gitanos, rusos, polacos, comunistas, republicanos españoles, etc.
Una injusticia nunca debería ser reparada con otra.


“Aquí nadie viene a hacer turismo”

Martes, 15 Julio, 2008
por Javier García

Chicas

“Aquí nadie viene a hacer turismo”

Con mucha ilusión llegó al aeropuerto de Ben Gurión (Tel Aviv) la Brigada de Cooperantes procedentes de la Península Ibérica. 17 personas que portaban la esperanza de contribuir con su esfuerzo a reparar la injusticia que supone la política de demoliciones de casas palestinas ejercida por las autoridades israelíes.

Entre sonrisas, sueño y cansancio de todo un día de viaje bajamos la escalerilla del Airbús para encontrarnos la triste realidad de una sociedad militarizada por el neurótico régimen sionista. Un judío austriaco de cerebro privilegiado, apellidado Freud para más señas, hubiera escrito escandalizado toneladas de hojas sobre la actual paranoia israelí y quizás se hubiera quedado corto.

A pie de escalera y a modo de presentación y quizás de advertencia, cuatro o cinco seguratas se entretenían disparando preguntas en inglés al pasaje medio dormido, separando a grupos y reteniendo a gente.

De pronto nos damos cuenta que el bus sale y un chico de nuestro grupo queda en tierra retenido. Su crimen: ser diferente, llevar el pelo demasiado largo.

Carri

Tras media hora de espera nos lo encontramos a la puerta del control de pasaportes sin que nadie nos haya dado la más mínima explicación.

Abordamos la siguiente prueba: el control de pasaportes. Azahara no podía imaginarse un recibimiento como el que ha experimentado. Era la primera vez que pisaba tierra palestina, la tierra de sus ancestros, pero le tocó sufrir la paranoia de la seguridad israelí. Seis horas de retención en las barreras de seguridad del aeropuerto, cinco interrogatorios continuos, presiones psicológicas, humillaciones, amenazas… Y todo por llevar unos apellidos árabes, ese es su crimen.

“Si encontramos que tienes familia aquí, ¡te echo!”

Si algún ciudadano israelí hubiera sido tratado por la policía española sólo con la mitad de la mala leche con que han tratado a esta chica de sólo 23 años con seguridad se habría hablado de antisemitismo.

Se le han realizado preguntas que nada tienen que ver con la seguridad de un aeropuerto ni de una aduana: el teléfono privado (¿van a interceptar sus llamadas?), el e-mail (¿van a vigilar sus correos?), su implicación política en España (pero, en qué quedamos, ¿no están hartos de decirnos que Israel es la única democracia de Oriente Próximo?),…

“Este es mi país y yo soy el que decido si te quedas o te vas. Si encontramos que tienes familia aquí, ¡te echo! ¿Turismo? Aquí nadie viene a hacer turismo”, gritaba. La frase resume muy bien la psicología del psicópata que avergonzado de sus crímenes sólo ve enemigos por todas partes.

El objetivo de todo este martirio psicológico es provocar en la persona retenida el miedo, la angustia, el temor de volver a Israel. Lo que buscan, en definitiva, es intimidar al voluntariado. No creen en una paz justa porque su régimen sionista está basado en la limpieza étnica, en el genocidio, en el fraude, en el robo… Odian que se les nombre a Palestina porque su misión es borrarla del mapa político, de las conciencias y hasta de la memoria. Más no lo conseguirán. Mientras que haya jóvenes como Azahara que no se rindan ante la barbarie y caminen por la senda de la justicia, P A L E S T I N A seguirá viva.


Constructores de Esperanza

Lunes, 14 Julio, 2008
por Rocío Velis
de El Correo de Andalucía

Constructores de Esperanza
Foto: G. Barrera

Podrían haber elegido cualquier destino para disfrutar de sus vacaciones. Sin embargo, siete sevillanos han decidido cambiar su tiempo de ocio por todo un ejemplo de solidaridad. Ellos junto con otras diez personas parten desde Barcelona hacia Palestina con el Comité Israelí Contra la Demolición de Casas (ICAHD) para colaborar en un proyecto para volver a levantar la vivienda de una familia palestina, derrumbada por el ejército israelí.

Durante 15 días el grupo de 17 personas permanecerán en Anata para proporcionar un hogar a Nadir Elayyan y a su familia. Como muchos palestinos este padre de familia, de 37 años de edad, tuvo que ver cómo el ejército israelí derrumbaba su casa porque no tenía licencia para construirla, un problema habitual entre los que se ven obligados a vivir en las áreas palestinas de Jerusalén, pues les son denegadas por norma.

Nadir comenzó a construir su vivienda en el año 2003. Poco a poco la casa fue adquiriendo cuerpo y, cuando estaba a punto de finalizar el segundo piso, recibió una orden de demolición el 14 de abril de 2004. Cuatro semanas después, recibió una llamada de su vecino alertándole de que en la puerta de su casa había un buldozer dispuesto a echar abajo su hogar y todas sus ilusiones.

Cuando llegó, sólo quedaban piedras. La policía sólo supo contestarle que era porque no tenía permiso. “¡Cómo todos mis vecinos!”, pensó él. Ahora Nadir, su esposa Fidaa –que está embarazada– y sus dos hijos Bissan y Mohammad –de tres y siete años– viven hacinados en la vivienda de su hermano y los cinco componentes de su familia. De momento la casa de su hermano no tiene orden de demolición, pero el dato de que el año pasado se dictaron 1.081 órdenes de derribo, no es muy tranquilizador.

La destrucción de su vivienda supuso para Nadir y los suyos una importante deuda y para colmo no tienen casa. Por este motivo, ha sido elegido por la asociación para convertirse en el objetivo del Campamento de verano de reconstrucción 2008.

Jaime es uno de los jóvenes que participará en el proyecto. Es la primera vez que viaja a Palestina, aunque “era algo que quería hacer desde hace mucho tiempo, y ahora puedo ir a aportar mi granito de arena”. Él quería conocer de primera mano el conflicto árabe-israelí y criticó que “los gobiernos occidentales no hagan nada por parar este atropello”. Jaime se enteró de este proyecto por otras personas que también viajan en el grupo y vio la oportunidad de “colaborar”. De hecho está dispuesto a repetir si la experiencia es positiva.

El caso de Shadia es distinto. Ella es italopalestina y ha ido varias veces a Palestina. “Quería enterarme y ver por mis propios ojos lo que estaba pasando allí, porque los medios no dan una información muy clara”. Pese a haber pisado suelo palestino es la primera vez que va con esta ONG y a colaborar con un proyecto de este tipo. “La primera vez que estuve allí me impresionó. Nada más llegar me revisaron todo cuanto llevaba”, recuerda Shadia.

Ella dice que el interés y el querer conocer Palestina “me viene en la sangre”, pues aunque perdió a su padre cuando sólo tenía ocho años, sabe que él tuvo que pasar por la amarga experiencia de vivir en un campo de refugiados. “Hasta que logró una beca y se pudo ir a estudiar a Italia”, explica.

andaluciaconpalestina@yahoo.es