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Solidaridad con Palestina |
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Intervención de Mercedes de Pablo
Palestina en la Feria del Libro de Sevilla 2008 |
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Intervención de Mercedes de Pablo durante la presentación en la Feria del Libro de Sevilla 2008 de la selección de poesía contemporánea "Palestina Libre. Poesía de la Resistencia", editada por Paz con Dignidad
Tiempo presente y tiempo pasado
se hallan quizá presentes en el tiempo futuro
y el tiempo futuro dentro del tiempo pasado.
Si todo tiempo es eternamente presente
todo tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es mera abstracción
quedando como eterna posibilidad
solamente en el mundo de la especulación.
Lo que pudo haber sido y lo que fue
apuntan a un solo fin, que está siempre presente.
Permítanme que comience este acto, este homenaje a la poesía, con unos versos de Thomas Eliot, el poeta al que mi compañero José Maria Bernáldez pidió prestado el título de su programa de cultura, "Al sur" en Canal Sur TV.
José María murió en la madrugada del sábado, a las pocas horas de salir de esta Feria después de haber presentado un libro. Fue su último libro, fue su última Feria pero fue, a pesar del dolor, quienes lo quisimos lo vemos claro, un último acto de libertad y de honestidad. Gran periodista, buen escritor, impagable conversador, José María era sobre todas las cosas un lector. Y un lector de poesía. Esta noche estaría con nosotros como otro más. El sabía más que nadie del poder irredento, irreductible, inmortal de la poesía. Por eso este canto a la vida que tenemos en las manos es el canto también a su vida. A todas las vidas.
Cuando Ana Ávila, puntual como las golondrinas, me invitó por tercer año a presentar un libro sobre Palestina me sorprendí que se tratara de un libro de poesía. Otros años hemos traído ensayos de lucidos de profesores, crónicas honestas de periodistas y hasta cuadernos de bitácora de experiencias personales ,y por tanto tan valiosas, sobre Palestina. Sobre el llamado conflicto de Palestina. Sobre la invasión permanente e inmune que sufre Palestina.
Pero no me esperaba poesía. Y especialmente no me esperaba esta poesía.
La banalidad del Mal que Hanna Arendt presintió, antes de desarrollarla como diagnóstico político del siglo XXI, esa banalidad del mal que la pensadora intuyó en el juicio a Eichmann en Jerusalén, nos hace suponer que el Mal arrasa todo. Tal es la fuerza devastadora de la injusticia, de la crueldad, de la sordera y la inanidad universal que devora también el corazón de las víctimas, el alma de las víctimas.
Éso hemos llegado a creer. En contra de místicas del dolor y redenciones conseguidas gracias a la tortura la experiencia nos dice que la miseria nos hace miserables. El legado del siglo XXI nos dejó la imagen de un hombre, superviviente, sí, pero derrotado. Nos ha llegado a parecer que las víctimas morían dos veces, la muerte natural, casi liberadora y aquella otra, la muerte de la moral. Si el bueno sobrevive no será tan bueno, hemos pensado en el fondo, demostrando que sí, el miedo produce monstruos, la cobardía intelectual y la ramplonería ética.
Todo eso nos ha vagado por la cabeza de este siglo pasado. Todos los holocaustos, unos con menos fortuna mediática que otros, venían a confirmar esa sensación de derrota. El fracaso de las causas justas. El triunfo de la peor maldición de Goethe, prefiero la injusticia al desorden.
Hasta este libro pequeño, sencillo, humilde, de poemas.
Este libro es una mano que se alza de entre el cementerio de los olvidos. Este libro es una voz que hace caer los muros y las murallas. Los muros de cemento que alzan los poderosos, las murallas de silencio que construimos todos tapándonos las orejas. Negándonos a ver. Este libro es la contra proclama de la asociación del Rifle Americana “ no podréis arrancarlo más que de mis manos frías”. Este libro es la vida y la vida, tozuda e implacable gana siempre, aunque efectivamente haya sido arrancada de las manos inertes de las víctimas.
Este libro es un árbol plantado en el desierto que quieren convertir a Palestina. El desierto de voces, de caras, de rostros. Los seres humanos dejan de serlo si los despejamos de su condición. Si los reducimos. Este libro demuestra que las víctimas se niegan a ser eso, sólo víctimas.
NO sé suficiente de poesía árabe como para entender las épocas , las corrientes literarias, la innovación de las voces poéticas que en este libro se recogen. Sí entiendo, imagino que de la mano de una buena traducción, la poética que late en este pequeña antología. Se adivina la música hasta para quien es árabe todo lo que reluce con hache aspirada y terminado en amal... Se siente la voz milenaria de un pueblo antiguo a veces nómada a veces sedentario, en esta poesía. Se adivina una historia larga y antigua de cantos, de plegarias, de romanzas, de canciones de amor y de desamor, de esperanza y de pérdida.
Este libro rescata a Palestina de la crónica de la guerra, del fondo de la esquela que es la información de guerra y la coloca, luminosa y valiente, en la página feraz de los vivos. La cultura como la mano que se abre paso desde el campo arrasado después de la batalla. De todas las batallas.
Pero la poesía necesita unos ojos que la lean, unos corazones que la sientan y unas gargantas que la pronuncien.
Por eso esta tarde todos seremos Palestina, todos seremos poemas de Palestina.
Les invito a leer: |
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