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EN EL DÍA DEL LIBRO
23 de Abril de 2004

Cuando ya nadie se acuerde de las bombas de racimo, ni de los muertos civiles, ni de las bombas de destrucción masiva, cuando ni los historiadores recuerden los nombres de los generales que dirigieron la barbarie, se recordará que en Abril del 2003 fueron destruidos y saqueados el Museo Nacional, la Biblioteca Nacional, quemados los archivos e, incluso, que la Universidad de Bagdad ardió totalmente.
Estos organismos guardaban los testimonios de los comienzos de la historia de la civilización, de cómo aprendimos a escribir y de cómo surgieron las primeras leyes. Es decir, la historia de la cultura humana desde hace siete mil años.
Allí estaban por millares las famosas tablillas de las antiquisímas bibliotecas de la civilización sumeria. También se encontraba, a la espera de ser catalogada y clasificada, una biblioteca completa de la antigua Babilonia.
Miles de tablillas en escritura cuneiforme que emprendieron el camino del mercado negro de antiguedades de los EE UU, vía Israel.
También fue destruido el Museo de Hamurabi, el legislador más importante de la antigua Mesopotamia (1792-1750 antes de Cristo), en cuya sala principal estaba el famoso lema que decía: "Yo, Hamurabi establecí la Justicia en el mundo para destruir la maldad y evitar que los poderosos opriman a los débiles". Todo un símbolo.
Es difícil concebir el tamaño del crimen.
Los ficheros de clasificación y los ordenadores fueron destrozados previamente; una acción deliberada para impedir cuantificar el robo.
Las copias e imitaciones no fueron robadas; iban a tiro hecho.
La Biblioteca de Bagdad era una joya arquitectónica. Sus estanterías soportaban el peso de centenares de miles de libros, antiguos y modernos, de valor incalculable. De literatura, de lengua, de teología, de matemáticas, de medicina: la historia del pensamiento. También de la historia de Al Andalus.
Entre ellos estaba "El Canon en Medicina" del cordobés Avicena (980-1037) que fue durante siglos manual universitario tanto en países islámicos como occidentales y el "Tratado sobre los Números", de Abu Said Al Magribí, y tantos otros.
Los fondos de esta biblioteca habían sido enriquecidos por donaciones particulares como las de los padres carmelitas de Bagdad (varios miles) o la de Raschid Alí Al Quilaní, destacado oficial y político iraquí.
Ni el incendio de la biblioteca de Alejandría en el siglo V, ni siquiera el saqueo de Bagdad por los Mongoles en el 1238, fueron tan destructivos como la actual invasión norteamericana.

Bush, Rumsfeld, y sus generales, y Blair, y Aznar han logrado pasar a la historia universal de la infamia, la de los que más daño han causado al patrimonio cultural de la humanidad, a la paz y a la civilización.
Hoy se celebra el Día Internacional del Libro. Pero hoy debe ser un día de denuncia y de condena para todos los amantes de la cultura y de los libros.
Poco pudieron las protestas de bibliotecarios de todo el mundo, ni la reunión urgente de especialistas de la UNESCO, ni la dimisión de Martín Sullivan, presidente del Consejo Asesor sobre Patrimonio Artístico de la Casa Blanca. El daño es irreparable. Pero no podemos permanecer callados ante este crimen contra la humanidad.
A estas voces debemos unirnos para clamar contra la barbarie. Y a esas otras voces de miles de iraquíes, que arriesgando su vida ante las amenazas de los invasores salen a la calle cada día para pedir que se vayan. Y preguntarnos con el poeta iraquí Bad Shaquir As Sayyab:

¿De qué bosque ha venido esta noche,
de qué cuevas,
de qué cubil de lobos,
de qué nido en las tumbas deslizándose
obscura, como el cuervo?