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Solidaridad con el pueblo palestino |
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Nuestros escritores preferidos: Mercedes Soriano |
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La autora de "Historia de no". Reseña biográfica y literaria de Mercedes Soriano Mercedes Soriano nació en Madrid en 1953, pero vivió muchos años en Andalucía en la barriada de Las Presillas Bajas, en el término municipal de Níjar, retirada del barullo del mundo literario, panorama al que saltó con la publicación de novelas como Historia de no (1989), Contra vosotros (1991) y ¿Quién conoce a Otto Weininger? (1992), entre otras. Se trata de obras en las que se palpaban los ecos y las influencias innovadoras de escritores europeos como Thomas Bernhard. También desarrolló una tarea intensa en la prensa, en campos que incluían desde revistas literarias como El Urogallo o el Número Internacional Oficial del Libro, donde enviaba desde biografías de Lenin y Antonio Machado a recetas de cocina. También colaboró con EL PAíS, donde en 1987 publicó un relato titulado La gran vía, que, según ella, hizo que en su vida cambiaran muchas cosas. Por ejemplo, que se le abrieran las puertas para sacar a la luz sus novelas. Y así, el público fue conociendo Historia de no, primera parte de una trilogía dedicada a la memoria de un tiempo crucial y en la que pretendía a lo largo de ciento setenta y cinco páginas reflejar la transición política desde el interior de un personaje. O Contra vosotros, un alegato que denunciaba la realidad circundante y en el que la autora trataba de reflejar, según dijo, "las aspiraciones de la clase media que ha asumido los valores del orden democrático edificado sobre el desarrollismo franquista". Su trayectoria cambió con la publicación de su tercera obra, que Soriano concibió como una ruptura con la exploración del presente de su país. En ¿Quién conoce a Otto Weininger? hace referencia al filósofo austríaco autor del ensayo Sexo y carácter. Desgraciadamente la muerte le visitó demasiado pronto, en Octubre del 2002, truncando una obra que ha entrado por sí sola en la historia de la literatura española. El 28 de Enero de 1991 indignada por los inhumanos bombardeos sobre las ciudades indefensas de Iraq escribió un alegato contra las guerras actuales que fue publicado en El País y que ofrecemos a nuestros lectores como ejemplo e invitación a la lectura de su prosa comprometida. |
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Plegaria Mercedes Soriano, El País, 28 de Enero de
1991 Malditas su destrucción y su miseria, malditos su armamento y su dinero, malditos sus discursos, sus expertos, su insensatez, su arrogancia, sus valores, su cartera, sus periódicos.
Malditas su voluntad, su gasolina, malditos su progreso, sus edificios, sus autopistas, sus venenos, todo su ruido. Malditos sus delirios de grandeza, la historia que se escriben, las excusas que se inventan, los caminos que nos trazan. Malditos esta travesía del desierto, esta imposibilidad de calma, esta ausencia de música, este cielo negro, este frío, estas llamas que no cesan.
Malditos sus hogares repletos, sus moquetas de lana, sus piscinas, sus espejos, el vino que se beben, la carne que mastican, el traje que se plantan, el "water" donde cagan. Malditos sus invitados y sus siervos, el hilo que les une por teléfono, el "fax" que los transmite, la cámara que les filma, el "flash" que los alumbra, la pantalla que los muestra.
Malditos sus uniformes, malditas sus banderas y sus patrias, sus cuarteles y casernas, sus planes estratégicos, sus afanes de conquista, malditos sus saludos y medallas.
Malditos este desasosiego, esta impotencia, este sentir que somos serie, número, nada, que nuestras voces son inútiles, que pasamos por catastrofistas, por ingenuos, por idiotas. Malditos estos tiempos de amenaza, esta falsa democracia, este parlamento que consiente, estos políticos que nos embarcan.
Maldito el desconcierto de ser un individuo y estar solo, malditas nuestra indecisión y la falta de coraje, malditos el resquemor y el elitismo, maldita comodidad, maldita brillantez, maldito juego. Maldito consumo, maldita energía, maldita competencia. Malditos vuestros anuncios y vuestras posesiones, malditos vuestros técnicos de ventas, vuestros asesores de imagen, vuestros guardaespaldas.
Malditos vuestros despachos, vuestras reuniones y conferencias, malditos los micrófonos que os amplifican, las cintas que os graban, el eco que os repite. Malditos el miedo que sembráis, las razones que imponéis, el orden que os respalda y los amos que os dictan.
Que el sueñó no os acoja, que las manos os tiemblen, que la enfermedad os persiga, que el hambre os ronde, que no encontréis oído ni consuelo, que la tierra y el mundo os extrañen.
Malditos sean, setenta veces siete, que no haya descanso para ellos, que el estigma del oprobio les señale para siempre. Que vuestros hijos os miren y no os reconozcan, que os nieguen, setenta veces siete, que vuestra estirpe desaparezca. Amén |
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